El pasado 6 de mayo de 2017, el edificio de la Calle Gobernador 39 en Madrid se llenaba de vecinas y vecinos de la ciudad mediante un acto de desobediencia al culminar una manifestación multitudinaria compuesta por una gran variedad de colectivos que denunciaba el salvaje proceso de gentrificación que ha sufrido la ciudad de Madrid en los últimos años bajo el lema “Madrid no se vende”. Nacía así el Centro Social La Ingobernable, un territorio conquistado en la milla de oro de la (del) capital para revertir el proceso de expropiación. Un espacio horizontal y radicalmente democrático que enuncia y pone en práctica que el centro de la ciudad no está en venta, se construye en común.

La ocupación no sólo denuncia el abandono y desuso del edificio, sino que también evidencia las prácticas mafiosas del último gobierno del ayuntamiento de Madrid dirigido por Ana Botella (PP), en este caso, regalando un edificio municipal a los amigos de su entorno. La Ingobernable manifiesta su oposición, al tiempo que construye alternativa, a un modelo de ciudad turistizada que no dispone de espacios compartidos.

Una multitud de personas cansadas de tener que renunciar a todo en una ciudad que ya no les pertenece, están poniendo su energía, su tiempo y sus cuerpos para convertir 3000 metros cuadrados de polvo en una nueva máquina social capaz de combatir el avance de la financiarización, la individualización y el miedo. Cualquiera que no se conforme con moverse por la ciudad como una extraña, como una simple espectadora de la explotación y la especulación sin límites, tiene hoy la oportunidad de acercase a La Ingobernable e inventar una nueva forma de vida.

Los Centros Sociales fueron una pieza clave de apoyo en las acampadas del 15M, componiéndose junto a la frescura de gente nueva en lo que fue uno de los acontecimientos más virtuosos de movilización de las últimas décadas. La Ingobernable parte de esta virtuosa composición de desborde desde su génesis y además se abre a una generación más joven que puede producir una nueva escalada de contagio. Los Centros Sociales han sido durante muchos años residuales y minoritarios, una especie en peligro de extinción, sin embargo hoy disponen de una madurez política muy importante que en muchos casos contrasta con la de algunos partidos del cambio.

Hace ahora unos dos años el Centro Social Patio Maravillas era desalojado por el gobierno municipal del Partido Popular, con Ana Botella a la cabeza, en lo que fue una de las últimas medidas de una legislatura caracterizada por la corrupción y el clientenlismo. Pocas horas después entraba al ayuntamiento una nueva e ilusionante composición, caracterizada por la presencia de una candidatura municipalista heredera del ciclo de luchas del 15M, y fraguada, junto a otros, a partir de personas procedentes de este Centro Social y de múltiples reuniones desarrolladas entre sus muros y sus gentes.

La Ingobernable es hoy un foco indudable de experimentación política que combina la experiencia de Centros Sociales anteriores con savia nueva. A esto se suma que el gobierno de la ciudad está compuesto, en parte, por personas que vienen de experiencias similares, lo que dibuja una aparente situación de oportunidad para el entendimiento que hasta el momento no se ha producido. Uno de los mayores retos del movimiento municipalista hoy es saber recuperar con astucia y convencimiento el rol central que tienen los Centros Sociales en la generación y reproducción de nuevas institucionalidades, prácticas instituyentes y procesos constituyentes. Está en juego ampliar verdaderamente las formas de democracia, la construcción de contrapoderes urbanos efectivos y la construcción de “una vida que merezca la pena ser vivida”[1].

web: www.ingobernable.net