Espacio conceptual

La cuestión del ritmo es una cuestión social, cultural y política. ¿Cómo encontrar un ritmo? Y, lo que es más importante, ¿cómo puede la economía encontrar un ritmo, sin tender hacia el dominio del caos y la predicción de acontecimientos inesperados? En su discusión (onto)política de The Power at the End of the Economy, Brian Massumi encuentra una forma de captar la temporalidad del ritmo en palabras, describiéndola como «una reactivación del pasado en el camino hacia un futuro cambiado, atravesando dimensiones del tiempo, entre el pasado y el futuro, y entre pasados ​​de diferentes órdenes» (Massumi, 104). El ritmo, en otras palabras, aparece como un movimiento transversal entre diferentes dimensiones temporales. Entonces, si imaginamos el tiempo como una flecha, una trayectoria lineal que va del pasado al futuro, realmente veremos que lo que sucede, el acontecimiento, está guiado no solo por condicionamientos pasados ​​sino también por una ‘tendencia’ predominante en el futuro, una «orientación que gobierna el movimiento hacia un atractor o término deseado (utilizando “deseo” en el sentido sin sujeto)» (104-105). Mientras que la linealidad de la flecha parece métricamente mensurable como un «orden cronológico» y más o menos predecible en su resultado, su disposición rítmica para generar acontecimientos está dada por los efectos-de-complejidad emergentes de feedback/feedforward que operan entre el pasado y el futuro en ambas direcciones, transformando la flecha en una serie de desconexiones cuánticas y com-plicados enredos. La flecha deviene flexionada en una curva, o un caos de curvas cambiantes, cuyo final siempre está fuera de vista. Como sugiere Massumi, es en este sentido en el que la experiencia del acontecimiento en su ritmo (o, por usar otra palabra resonante, en su intensidad) pone al sí mismo viviendo experiencias en una relación inmediata de apertura con un futuro desconocido.


Espacio financiero

Elie Ayache, un trader y ‘filósofo del mercado’, explica que los precios de los derivados[1] que circulan en el mercado financiero son ‘reales’, en el sentido de que tienen la misma ‘realidad’ que aquellos acontecimientos contingentes futuros de cuya actualización dependen. Darle un precio a los derivados financieros es, por lo tanto, una forma de jugar con el futuro, o con lo virtual. Dado que el ritmo o el surgimiento de una virtualidad desconocida en el mercado, es algo arriesgado, la volatilidad se utiliza como un instrumento para cuantificarlo, para medirlo, con el fin de obtener un modelo cuantitativo de todos los saltos de la curva[2]. Esta forma de trabajar, sin embargo, tiene bases ontológicas débiles, ya que se basa en un modelo fijo de todas las posibilidades calculadas de antemano. El valor (precio) se calcula así como una prueba matemática para racionalizar acontecimientos altamente improbables.

Sin embargo, argumenta Ayache, el hecho mismo del trading en el mercado significa que los precios varían constantemente del valor teórico originalmente asignado a un derivado: si todos supieran el valor desde el principio, no habría ninguna razón para jugar[3]. Los modelos de precios, por lo tanto, solo están ahí para ser superados, de lo contrario el mercado no existiría. Pero el ‘residuo’ que existe o persiste por encima o por debajo de la probabilidad es el mercado mismo, el medio de contingencia, que no debe ser considerado como una mera excepción o un accidente que arruine el modelo. Lo virtual (el mercado) no es más que un acontecimiento contingente futuro, real antes de devenir actual. «En cierto modo, el precio ya está en el medio del acontecimiento; es real, […] solo se traduce (litaralmente, arrastrado en el espacio) a un lugar que ocurre “antes” del acontecimiento. […] De hecho, el precio, o el mercado, es lo virtual de lo que estamos hablando, o la realidad del acontecimiento que “precede” a su actualidad».

Lo virtual es la realidad de la contingencia, la contingencia de lo actual (en lugar de la irrealidad de posibles variaciones). Hacer trading en el mercado significa comenzar directamente desde la mitad del acontecimiento contingente. Debido a que el acontecimiento no forma parte de una lista de posibilidades pre-dadas, ni siquiera puede pensarse como improbable; reside más allá de la probabilidad, más allá de los cálculos métricos, en una región residual oscura donde los modelos de probabilidad se detienen y surge el ritmo: la región vacía de la contingencia. Solo después del acontecimiento, eres capaz de comprender sus causas, en una narración retrasada: «Solo después, ahora que ha ocurrido el acontecimiento, puedes retroceder en el tiempo o en la historia y descubrir la cadena de razones que habrá llevado a ello» (Ayache, 22). La asignación de probabilidades como en una flecha lineal hacia atrás solo puede venir después, cuando comienzas a dibujar modelos para la complejidad temporal del acontecimiento. Si lo pusiéramos en los términos de Alain Badiou, concluiríamos que el acontecimiento no es solo desconocido, sino que ni siquiera existe, porque existir, para Badiou, es ser parte de un conjunto (Ayache, 23). El acontecimiento es un miembro de sí mismo y crea sus propias posibilidades, contradiciendo así el Axioma de Fundación de la teoría de conjuntos. Desde este punto de vista, predecir el acontecimiento implicaría la elaboración de una fórmula que incluyera un número infinito de variables (la volatilidad de la volatilidad, la volatilidad de la volatilidad de la volatilidad, etc.), equivalente a una posibilidad fuera de la vista del hombre, o del Dios de Leibniz. Según Ayache, el intercambio (el mercado) es cómo la contingencia absoluta se proyecta a sí misma antes de tiempo. Porque lo que se intercambia son, de hecho, bienes o incluso dinero no producidos como su medio, sino activos, paquetes de capital, derechos contractuales para entregar o recibir dinero. En otras palabras, contratos futuros sobre compra y venta de opciones, sobre dar y recibir dinero.


Espacio tecnológico

El problema con el concepto de acontecimiento de Badiou y Ayache es su absoluta pureza: las matemáticas, o las matemáticas de las finanzas, purificadas de todos los residuos económicos, sociales y corporales. Aparte de un espacio puro de temporalidad residual. En la actualidad, la brecha se está ampliando entre la economía real (la economía de la producción material y el intercambio) y su contraparte financiera (o deuda), donde los nuevos productos intercambiados (contratos de derivados) pueden generar valor monetario pero no un valor de producción real. Esto ciertamente no es algo inexplicable, considerando que, de hecho, el dinero en sí mismo no nació como un medio de intercambio sino que primero existió como crédito, adquiriendo las funciones de un medio de intercambio y valor de almacenamiento solo mucho más tarde en el tiempo (Kostakis y Giotitsas, 432). Así que cuando Bitcoin y otras criptomonedas similares, o no tan similares, (o, en otras palabras, no emitidas por el estado pero emitidas individualmente) ingresan en el espacio financiero, el mercado se vuelve aún más contingentemente orientado hacia la pérdida de vista de los riesgos. El riesgo digital está paradójicamente ligado al funcionamiento descentralizado de la tecnología blockchain [cadena de bloques]: apareciendo como una fuente de potencial y, a la vez, de peligro especulativo, el blockchain es una base de datos distribuida de contratos económicos, o transacciones, que funciona gracias al sistema P2P, un ledger [libro contable] público que no necesita ninguna autoridad centralizada para registrar y ratificar las transacciones. Aquí, una moneda no es más que una cadena de firmas digitales, y es la ‘proof of work’ [prueba de trabajo] (minería, o una solución de un rompecabezas matemático para probar que una transacción es segura y cuya dificultad depende del número de operaciones previas) que hace que los Bitcoins circulen libres y linealmente como bloques de transacciones en cadena, mientras se preserva la no reversibilidad de la transacción económica. Si bien este sistema mejora la privacidad y la confidencialidad de los intercambios, también requiere la identificación clara de los nodos de transacción singulares. Lo que esto significa, desde un punto de vista ‘rítmico’, es una ‘puntuación’ del cripto-mercado de acuerdo con el viejo modelo de transacción monetaria que acompañó la invención del dinero (actos puntuales de intercambio entre individuos y a través de unidades monetarias). Utilizando la terminología de Gilles Deleuze y Fèlix Guattari, podríamos definir el entorno blockchain como un ‘milieu’ [enmedio[4]] tecnológico: una serie de bloques codificados de espacio-tiempo, una flecha lineal no reversible, o un conjunto de repeticiones periódicas de un componente principal (la transacción). Una sucesión aritmética que hace que el tiempo sea lineal. La sucesión también permite que los nodos se sincronicen entre sí: simplemente al verificar cuán difícil se ha vuelto la cadena de prueba de trabajo, uno puede estimar cuánta energía por hora se gastó en el problema. Una contingencia deslizándose fluidamente sobre la superficie de un tiempo absoluto. Y sin embargo, como Deleuze y Guattari también nos recuerdan, los enmedios solo existen para entrecruzarse y transcodificarse entre sí. En otras palabras, para producir no un metro de equivalencias sino una diferencia rítmica. ¿El blockchain, como métrica de las transacciones, puede realmente generar un ritmo?


Espacio justo (Fair space)

El aspecto interesante del ritmo, como hemos visto, radica en su capacidad para desviar, o para bifurcar, una linealidad métrica. FairCoin es una bifurcación de Bitcoin, uno de los cientos de AltCoins. Fue codificado en Austria, como resultado de un proceso de minería de tres años. «Comparado con la mayoría de las otras monedas que solo se capitalizan mediante una continua burbuja de blockchain, FairCoin fomenta el intercambio y la confianza mutua»[5]. 7 millones y medio de FairCoins se dividen hoy entre fondos de infraestructura, fondos para lo común y fondos para el sur del mundo. Y luego está el banco FairSaving. Para obtener valor económico pero sin el lado negativo de la explotación, el proyecto FairCoin define claramente sus principios y objetivos, y trata de encontrar un acuerdo sobre el precio de la moneda, que solo puede mantenerse a través del establecimiento de estructuras organizativas y decisionales. El sistema tiene de hecho una base relacional y organizacional con el objetivo de reconocer principios y modalidades de trabajo, y también los instrumentos correctos para el autoempleo, la inversión, etc. La estructura está compuesta de nodos locales, todos involucrados en una relación virtual/territorial entre sí, y las decisiones se toman de manera virtual e internacional, a través de asambleas abiertas organizadas por áreas y grupos de discusión, con el fin de facilitar las decisiones unitarias. Cada nodo local actúa (con completa autonomía decisoria) como un punto de intercambio, o un ‘banco’, mediando con FairCoop (de donde provienen los FairCoins).

El tipo de cambio del BitCoin (y de otras monedas digitales) se define por la oferta y la demanda en el mercado, lo que lo hace extremadamente volátil y sensible a factores externos. Además, el código es propenso a ataques y errores (aunque difícil, pero no imposible, de accionar). Como una medida defensiva contra el riesgo, el precio del FairCoin se ha establecido colectivamente (desde diciembre de 2017, ha aumentado a 1 euro) para intervenir en la especulación y el ventajismo del mercado: todos los intercambios ocurren al precio oficial, y solo el 10-20% del dinero Fair está en el mercado en intercambio libre, sin ninguna relación con FairCoop. En la web de FairCoop, podemos leer una lista clara de todas los pros de un aumento de precios: «aumento del valor almacenado en los fondos de la comunidad, más poder económico para que FairCoop invierta en el propio ecosistema y en otros proyectos relacionados, prevención del arbitraje». Y también podemos leer los contras: «un aumento rápido tiene un mayor riesgo de iniciar una burbuja o atraer especuladores con la intención de “dump” [vender a pérdida] a un precio alto, una gran diferencia de precio durante un largo tiempo puede generar un problema de liquidez para FairCoop». Por lo tanto, cada cambio de precio siempre se considera con precaución, tratando de calcular los escenarios probabilísticos del acontecimiento de cambio de precio en sus consecuencias. Pero en 2017, el precio tuvo que ser corregido varias veces. Contra la planicidad artificial y las especulaciones inhumanas del mercado financiero (como una forma de capitalismo acelerado y absoluto), FairCoin rechaza el riesgo por completo, eligiendo representar una sostenibilidad métrica basada en las necesidades humanas, y en el interés común de la cooperativa. Desde este punto de vista, el proyecto Fair parece perder en intensidad económica rítmica y en especulación conceptual virtual, lo que gana en liquidez concreta y producción social real. Un organismo de alguna manera rígido, o al menos bien definido, produciendo auto-poieticamente sus propios medios y fines, como un todo e, idealmente, como un sistema económico autónomo. Y, sin embargo, mientras que en un entorno económico el fin de la flecha siempre es el interés propio del sujeto racional (individual o colectivo) de la economía, la intensidad equivale a la celebración de tendencias opuestas, una «inclusión mutua de lo que bajo otras circunstancias tiende a separar» (Massumi, 69).


Espacio económico

En palabras de Massumi, «la intuición como arte político» (el arte de ‘afinar el acontecimiento’) es una intuición estética o ‘invención’ «de los modos de composibilidad entre contrastes que normalmente se excluyen mutuamente…» (Massumi, 93). Sería interesante, desde este punto de vista, considerar el proyecto FairCoin como una de las muchas moléculas que componen el tejido contemporáneo de las economías digitales alternativas, y que a menudo están en contraste con los medios y fines de los demás. Por otro lado, «La plataforma Space iniciada por la Economic Space Agency es un ecosistema de contrato inteligente abierto y colaborativo basado en la tecnología (post)blockchain de cuarta generación, Gravity2. […] [Aquí], Los espacios económicos son protocolos de interacción económica, financiera y social, de creación de valor y riesgo, de intercambio y distribución de recursos. […] En lugar de concebir una economía totalizadora, Space prevé la interoperación de una pluralidad de microeconomías, cada una con su propio modelo de gobernanza, lógica de creación de valor y capacidad para la auto-emisión tokenizada»[6].

¿Cómo se pueden mantener los contrastes juntos en un espacio económico? La asunción neoliberal general es que hoy vivimos e intercambiamos en un espacio-tiempo de 0 distancia y fluidez absoluta (o liquidez absoluta). Esta absolutización del tiempo y el espacio está bien representada por la estructura blockchain: una red que funciona como una computadora gigante. Lo que Gravity (la cuarta generación de blockchain de ECSA) hace es des-encadenar los contratos inteligentes procesados por el sistema, distribuyéndolos entre muchas blockchains que funcionan como computadoras arriesgando y especulando juntas, en una topología de red infinitamente escalable (computación en la nube descentralizada). Desde la máquina virtual de BitCoin hasta una red de máquinas virtuales que funcionan juntas y componen un tejido computacional.

En esta red, los intercambios no ocurren simplemente a través de monedas, sino de ‘tókenes’. Un token, según ECSA, tiene dimensiones más expresivas que un BitCoin. Puede servir para crear, capturar y distribuir el valor de una manera diferente. Una diferencia que surge de la repetición. Como argumentó Fèlix Guattari en Las Tres Ecologías, es la equivalencia general lo que aplana otros modos de valorización en el sistema capitalista:

Lo que condena el sistema de valorización capitalista es su carácter de equivalente general que aplana[7] todos los demás modos de valorización, los cuales se encuentran así alienados por su hegemonía. A todo esto convendría, si no oponer, al menos superponer instrumentos de valorización basados en las producciones existenciales que no pueden ser determinados ni en función únicamente de un tiempo de trabajo abstracto, ni de un beneficio capitalista descontado. Surgirán nuevas ‘bolsas’ de valor, nuevas deliberaciones colectivas que darán su oportunidad a las acciones más individuales, más singulares, más disensuales –apoyándose en particular en medios de concentración telemáticos e informáticos. La noción de interés colectivo debería ampliarse a acciones que, a corto plazo, no ‘beneficien’ a nadie, pero que, a largo plazo, sean portadoras de un enriquecimiento procesual para el conjunto de la humanidad. Lo que aquí se cuestiona es el conjunto del futuro de la investigación fundamental y el arte. (Guattari, 44-45)

Estas reflexiones, que suenan como una anticipación de la experimentación económica contemporánea permitida por las nuevas tecnologías, insinúan la posibilidad de otras formas de creación de valor, no necesariamente mensurables, pero con una vida financiera propia. En el Space de ECSA, el token es reemplazado de hecho por ‘un token’ (un rastro, un archivo de intercambios), de modo que la misma noción de una equivalencia métrica general y de su concepto asociado de propiedad, puede estar desmembrada: la cuestión pasa a ser de los derechos o capacidades sobre un objeto o servicio (una economía más finamente granulada que la simple dicotomía ‘poseer-no poseer’); por ejemplo, no quién es dueño de una casa, pero quién tiene el derecho de abrir su puerta principal en un momento determinado, etc. La cuestión de medir el valor de tales capacidades, y de las diferentes formas de intercambio que pueden engendrar, es interesante pero aún abierta, cuya respuesta dependerá de la diferente dirección que tome la flecha temporal, cada vez que se inicie un nuevo proyecto económico. Lo que Economic Space propone es actuar como una plantilla de posibles ofertas, proposiciones, intercambiadas a través de tokens, en una combinatoria rítmica de derechos. En este sentido, es posible pensar en ‘un token’ en contraste con una especie de concepto empirista de la transacción ocurriendo como, y entre, mismos individuados. En particular, la identificabilidad de una noción general y cuantitativa de valor como la base del intercambio (y del token como su medida), es reemplazada por una lógica de individuación (en lugar de individualización) financiera impersonal (no meramente anónima) por ‘un token’ y sus respectivas capacidades o derechos. Una singularidad financiera, podríamos decir, en lugar de particularidad.

Ahora, podemos pensar en el sistema económico capitalista como una sucesión ordenada del mismo componente repetido, que es la transacción, y que se vuelve cada vez particular: comprar-vender, pagar-recibir, te doy esto, me das eso, sujeto-objeto, 1-2, 1-2, 1-2… Lo que parece ser una circulación cada vez más libre, en realidad sigue atrapado en el mismo modelo, que es el de la transacción, con desarrollos financieros tales como el HFT que no proporciona más que una aceleración de las métricas, y un avance en la des-humanización del mercado. Tecnologías como blockchain realmente no ofrecen más que una automatización absoluta, desencadenando una liquidez que todavía está encadenada a un sistema codificado de bloques. Lo que propone ECSA es una intervención rítmica en este sistema. Mientras que el germen de este proyecto fue la cooperativa Robin Hood (un parásito algorítmico lanzado en 2014, que podría insertarse en el mercado financiero, robando información y usándola para desarrollar sus propias transacciones, un proyecto que apunta no solo a una aceleración sino también a una desviación del flujo de transacciones), la plataforma Space aparece como una mejor manera de rítmizar la planitud del sistema transaccional hacia uno transicional. El carácter económico del proyecto gira en torno a lo que se define como el momento de ‘oferta’ de la transacción, el acto de dar algo, por ejemplo, de repartir un token. Concebido en su fenomenología corporal, cada gesto de ofrenda implica una extensión del brazo en el acto de abrir la mano. Mientras que en la economía capitalista (incluido el mercado financiero) este gesto siempre aparece como parte de un todo performativo de la trans-acción que rápidamente cierra el círculo en un dar-y-tomar recíproco (das para recibir de vuelta), en la idea de Space el mismo gesto permite que se abra un intervalo muy pequeño antes de que se realice el reembolso. Es en este intervalo que la elasticidad de ideas como tokenización (en lugar de monetización) y derechos de capacidad (en vez de posesión) permiten que una unidad simple de transacción económica se conforme de un modo diferente, produciendo diferentes formas de medir lo que debe ser reembolsado. Un sistema eco-nómico intuitivo cuyo potencial rítmico consiste en tratar de reapropiarse de la lógica de los derivados a través de relaciones e instrumentos trans-activos o transicionales (en lugar de transaccionales o transitivos).


¿Qué es un acontecimiento económico?

El acontecimiento puede ser un aumento de precio en el mercado (como con la volatilidad de Ayache), un ritmo financiero puro y abstracto. Pero en ese caso, el acontecimiento no generará suficiente ritmo, porque aparecerá en un flujo aislado, mientras que todas las prácticas cognitivas, estéticas y afectivas estarán sometidas a las financieras (financiarización de la expresión). O el acontecimiento puede ser un ataque, una intervención humana coordinada que interrumpe la línea de intercambios (como con el pirateo del blockchain Ethereum). En este otro caso, el acontecimiento producirá una cierta intensidad en el mercado (el mantenimiento de tiempos diferentes, la sincronización de los retrasos para atacar), pero solo para encerrarlo en el mismo círculo de la transacción económica, con un mero cambio de los lados de la propiedad. Una oferta en el Espacio Económico aparece en cambio como un acontecimiento artístico que puede permitir que un ritmo político aparezca en el caos financiero. Es en el intervalo de intercambio, entre el gesto de oferta y el gesto de devolución, que se abre un espacio, en el que las mismas medidas de valoración pueden variar, y el cierre del gesto puede incluso no tener lugar.


Bibliografía

Ayache, Elie, (2011), “In the Middle of the Event,” in R. Mackay (ed), The Medium of Contingency, Urbanomic

Deleuze, Gilles and Guattari, Félix, (2010), Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia, Pre-Textos

Economic Space Agency, “On Intensive Self-Issuance: Economic Space Agency and the Space Platform,” in I. Gloerich, G. Lovink, P. De Vries, Moneylab Reader 2. Overcoming the Hype, Institute of Network Cultures

Guattari, Félix, (2000), Las Tres Ecologías (trad.: J. Vázquez y U. Larraceleta), Pre-Textos

Kostakis, Vasilis and Giotitsas, Chris, (2014) “The (A)Political Economy of Bitcoin,” in Triple C. Communication, Capitalism & Critique. Journal for a Global Sustainable Information Society, Vol 12 n 2

Martin, Randy, (2015) Knowledge Ltd. Toward a Social Logic of the Derivative, Temple University Press

Massumi, Brian, (2014) The Power at the End of the Economy, Duke University Press

 



[1] Un derivado es un producto financiero, o un contrato, cuyo valor depende de un activo financiero subyacente, como un índice san o una moneda. Según Randy Martin, «como un medio de agrupar atributos de valores dispares, el derivado tiene la llave para los más sobresalientes modos de socialità de nuestro momento, uno que hace que el futuro sea accionable en el presente, que conecte lo que está cerca y lejos, que ensamble bits y momentos para obtener ganancias apreciables, que fusione la circulación con la producción, que cerque el conocimiento contra lo desconocido en índices de riesgo cada vez más intrincados, que permita el movimiento conjunto de lo que ya está en movimiento sin insistir primero en la unidad» (Martin, 5)

[2] En palabras de Ayache, «La volatilidad se relaciona con el hecho de que si tienes algo que se está MOVIENDO, tienes la tendencia del precio —una tendencia ascendente o descendente— a partir de la cual la volatilidad mide la desviación estándar; el ruido de la cosa a medida que sigue su tendencia» (Ayache, 20)

[3] «Los modelos teóricos académicos intentan modelar el mercado como si fuera una realidad ya-escrita que implicara un cierto rango de posibilidades futuras; mientras que la recalibración significa que, incluso cuando utilizan estos modelos, los traders *reescribren* el mercado continuamente de formas contingentes que estos modelos no pueden capturar» (Ayache, 28)

[6] (Economic Space Agency, 235). Véase tambie´n https://economicspace.agency/, y https://economicspace.agency/gravity

[7] J. Vázquez y U. Larraceleta, encargadas de la traducción de Las tres ecologías en castellano, optan por traducir aplatit como «aplastar» (véase Félix Guattari, Las tres ecologías, Valencia, Pre-Textos, 2000, pp. 44-45). Aquí hemos optado por traducir aplatit (véase Félix Guattari, Les trois écologies, París, Galilée, 1989, p. 66) como «aplanar» (NdT).