Una montruosa, contagiosa e invasiva expansión de municipalismos a través y alrededor de Europa requiere traducción. Pero ¿qué constituye la traducción en este contexto de experiencia socio-política? ¿Qué hace? ¿Qué es lo que supone e implica en el acto de traducir un movimiento? ¿Dónde están los escollos, las líneas de fuga?

Antes, durante y después de cualquier propagación o circulación hay una política de traducción. El ejercicio de la traducción es una labor política, como Sandro Mezzadra y Brett Neilson (2013) y otros han escrito. Pero como proceso social, semiótico y afectivo la traducción también supone un trabajo político en sí mismo.1 Al hacer (uso de) determinados entendimientos y prácticas del lenguaje, geografía y asamblea, la gente usa y desarrolla trabajos prácticos de traducción para definir qué se traduce y cómo, qué relaciones se forjan o excluyen entre activistas así como entre territorios, y qué proyectos políticos se hacen así imaginables o imposibles, dónde, cuándo y por quién.

En este texto regreso a un encuentro de movimientos que tuvo lugar en 2012 en Madrid, llamado Agora99, para examinar detenidamente la traducción. La reflexión que se abre es reveladora, no sólo de ciertas dinámicas de traducción en clave de movimiento, sino que también pone en cuestión suposiciones arraigadas sobre el lenguaje, el espacio y la asamblea, haciendo posible aclarar parte del potencial radical del municpalismo.


Flashback, flash forward
: traduciendo el proceso constituyente

Para el grupo abierto que se constituyó en Madrid para organizar el Agora99 en 2012, el encuentro serviría al doble propósito de introducir a activistas de fuera de España en el lenguaje político y las prácticas del movimiento 15M, al mismo tiempo que se creaba una oportunidad para los madrileños y los activistas visitantes de situar las luchas enmarcadas local o nacionalmente en un contexto transnacional. Fue un encuentro, en otras palabras, preparado para promover la traducción: del 15M, de España a cualquier parte, de luchas locales al terreno transnacional. En el contexto de la imposición continua de la austeridad por y a través de las instituciones europeas, coordinar la estrategia “a nivel europeo” era un objetivo de sobra conocido. De hecho, el Agora99 en Madrid fue el primer y probablemente único encuentro transnacional y de convocatoria abierta de activistas de los movimientos de este calibre que tuvo lugar en Europa inmediatamente después de las movilizaciones de 2011. Junto con la deuda, el proceso constituyente fue el tema más importante del programa del encuentro. Esto nunca fue anunciado con carácter general, pero fue mencionado tan frecuentemente por los anfitriones madrileños – en la mesa redonda inicial, en las docenas de pequeñas mesas de trabajo que componían el Agora, en ocupas y cafeterías y en la calle donde tenían lugar las reuniones y continuaban las discusiones – que el taller “Hacia un proceso constituyente”, que estaba programado para el segundo día del encuentro de tres días, se convirtió en un evento muy esperado.

El taller se celebró en una librería asociativa en el centro de la ciudad, un espacio de tamaño medio y bien iluminado en el que varios cientos de cuerpos se agolparon mientras fuera llovía. Una extensa presentación se hizo en español en la parte delantera del espacio, donde activistas de Madrid presentaron sus argumentos sobre la necesidad de un proceso constituyente en España y Europa. Una traducción susurrada al inglés se ofrecía en una esquina, pero principalmente la traducción se desarrolló de forma des-centralizada en la apretada sala, en el enjambre. Y así, en vez de producir linealmente un resumen estándar en las lenguas nacionales en las que se estaba realizando la traducción, el taller se llenó de encuentros multiplicadores – lingüísticos y, en términos más generales, semióticos, así como afectivos – entre teorías-discursos-tradiciones-experiencias-alineaciones.

Las presentaciones acabaron en el improvisado taller poniendo en escena la proposición de que el resto del tiempo se pasara discutiendo sobre qué forma podría tener un proceso constituyente en Europa y qué herramientas se requerirían. Estas cuestiones fueron abordadas de múltiples maneras, pero dos respuestas que podríamos considerar representativas se centraron en la traducción. Un activista que venía al encuentro desde Berlín estaba molesto por la propuesta: ¿Cómo podían los compañeros españoles plantear el proceso constituyente como una estrategia adecuada para Europa? Si el proceso constituyente significaba reclamar una nueva constitución, esto podría resonar a través de las masivas movilizaciones en España, pero sería muy poco realista en Alemania, donde la población apoya el status quo. Es muy posible que los organizadores del taller estuvieran atrapados en la burbuja de la experiencia española, sin tener en cuenta la perspectiva transnacional necesaria para construir solidaridad a través de una Europa en crisis. Otro activista que asistía al encuentro y venía de Roma ofreció una interpretación distinta: Ningún movimiento como el 15M se iba a hallarse en Italia y, teniendo en cuenta las diferentes temporalidades y situaciones de crisis en todo el espacio europeo, los activistas necesitarían desarrollar nuevos modos de relacionarse a través de nuevas fronteras. Activistas de fuera de España podrían imaginar un mapa de Europa en el que el 15M marque un punto caliente de orientación, un lugar al que prestar atención y del que aprender, pero no para copiar. Tales imaginarios serían una condición para el éxito de la cooperación transnacional.

El debate sobre el “proceso constituyente” en y alrededor del Agora99 implicó un meta-debate, a veces implícito, a veces explícito, sobre la traducibilidad: ¿de acuerdo a qué términos traducir proceso constituyente? y, ¿cuáles son los criterios para una traducción exitosa? Las dos respuestas esbozadas anteriormente asumen y ofrecen diferentes respuestas a estas preguntas. Éstas dibujan distintos trabajos prácticos de traducción: uno basado en un entendimiento referencial del lenguaje, una geografía política moderna europea de los estados-nación, centros progresistas y periferias retrógradas, y una política que entienda que la asamblea es sobre representación y decisión; el otro basado en un entendimiento performativo del lenguaje, con espacio-tiempos políticos múltiples y atravesados, y una política en la que la asamblea es un encuentro no representativo para el intercambio y la negociación. Justo lo que está en juego en estos trabajos prácticos, y cómo toman forma, queda por ser demostrado.


Buscando equivalentes, creando condiciones

Aquellos que estaban traduciendo de español a alemán en el Agora99 estaban desconcertados: ¿cómo decir proceso contituyente de la mejor manera en alemán? En inglés era sin lugar a dudas constituent process, en italiano processo costituente – pero en alemán el asunto era menos evidente. Se estarían refiriendo los activistas madrileños a verfassungsgebender Prozess (proceso constitucional)? Y si no, ¿de qué otra forma podría llamarse? Por lo general, el debate circuló sobre el supuesto de que la tarea de la traducción era un procedimiento linguístico, que, además, consistía en identificar un equivalente en lengua alemana de proceso constituyente – es decir, un término que se refiera a la misma cosa. 2

Por supuesto, esto también implica una presunción de que hay una cosa por la que empezar, constituida e identificable de acuerdo con términos que se tengan al alcance de la mano. Todo esto estaba ligado a la intervención descrita anteriormente, que se basaba en la suposición de que proceso contituyente “significa” verfassungsgebender Prozess – un hecho que se perdieron los otros participantes del taller porque la intervención en sí fue realizada en inglés. La elección de verfassungsgebend no fue arbitraria, ni tampoco se hizo con fines teóricos o semánticos. Más bien, se basó en la familiaridad sociocultural – en la disponibilidad de textos conocidos, de recursos lingüísticos, aprendidos de la experiencia. La mayoría de activistas alemanes hipanohablantes no habían aprendido español en España, sino en Latinoamérica, y no pocos estuvieron particularmente en sintonía con los acontecimientos políticos en Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde entendieron que el verfassungsgebender Prozess desempeñó un papel central. Como denotación, verfassungsgebender Prozess pone en primer plano la creación de una nueva constitución, un significado que está reforzado icónicamente por el lexema Verfassung (constitución) como parte del término – y por como se entiende Verfassung en su forma “clásica” (dada, constituida). Por tanto, algunos activistas de habla alemana entendieron que el taller sobre proceso constituyente en Agora99 estaba proponiendo un proceso jurídico. Entre aquellos con mayor afinidad con Sudamérica, se extendió la suposición de que los activistas madrileños estaban pidiendo un proceso para Europa en línea con lo que ellos entendieron que se había puesto en marcha en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Fundamentalmente, el proceso constituyente, en este supuesto, en un sentido referencial, sería una especie de fórmula unitaria, perteneciente a y de aplicación en un determinado mundo-ahí-fuera. Entendido de este modo, era posible suponer y concluir, casi directamente, que “esto” podría ser “realista” en España, pero no en Alemania.

Tal y como entendieron muchos activistas de Madrid, sin embargo, el proceso constituyente no fue una cosa dada o un fenómeno que pudiera ser señalado, y por lo tanto igualmente dicho en español o alemán. Más bien, además pero sin olvidar estas prestaciones (affordances) y asociaciones político-teóricas, incluyendo a Sudamérica, el término designa un proceso de aprendizaje y convirtiéndose en eso ha comenzado a desarrollarse en el movimiento 15M.3 En este contexto, además, “jugar con el lenguaje” ha pasado a considerarse una tecnología política crucial recién adquirida. La imprecisión semántica del proceso constituyente – comparable en español e inglés, entre la noción “clásica” de un proceso constitucional y algo más – ha sido identificada como una fortaleza en el contexto del 15M. Dado que el uso del término llegó a conectar con el movimiento, la persistencia de esta ambivalencia fue promovida estratégicamente con el fin de prevenir una división del movimiento entre los bandos llamados “radicales” y “reformistas”. Durante y alrededor del taller de proceso constituyente, activistas de España presionadas por preguntas sobre “a qué se referían” con proceso constituyente evitaron repetidamente una definición particular, u ofrecido muchas definiciones parciales a modo de alusión o ejemplo – la redacción de una nueva constitución, sí, pero tal vez algo más como un wiki, sin duda, con bucles de feedback social e incluyendo un proceso de reorganización material, como dijo un activista – de modo que el término en sí pareciera imposible de contener. Para algunos, esta era precisamente la cuestión. En lugar de detallar un plan ejecutable, el taller de proceso constituyente lo postuló y lo ejecutó, haciendo a los activistas tomar parte en la discusión sobre cómo el proceso constituyente puede ser imaginado, y sobre qué recursos se requerirían con el objetivo de “desarrollar el proceso”.

A medida que las interacciones se multiplican y se hacen más densas en el Agora99, la mayoría de traductores de lengua alemana coincidieron en que verfassungsgebender Prozess no parecía ser una traducción adecuada. En los días y semanas siguientes, a medida que las discusiones continuaron y la investigación sobre el “proceso constituyente” se inició, konstituierender Prozess se convirtió en el término comúnmente aceptado, sobre todo porque se encontraron textos en lengua alemana en los que poder constituyente se tradujo como konstituierende Macht.4 A medida que la tarea de traducir tomaba una nueva forma, desde determinar a qué se estaban refiriendo los activistas madrileños, a abordar la cuestión sobre cómo avanzar en el trabajo del proceso constituyente en Alemania, el debate sobre el término más adecuado en alemán se convirtió también. Se problematizó que konstituierend no tendría la capacidad de hacerse popular como constituyente en España y en otros lugares, porque konstituierend, con su raíz latina, se vería como lenguaje académico, elitista en muchos espacios sociales. No se trata aquí de verificar o negar esta afirmación sino señalar que más bien surge de un trabajo práctico de traducción que como la búsqueda de un equivalente (denotativo). El contexto social del significado, ya relevante desde el principio, estaba empezando a ser discutido en términos explícitos. Y si el conocimiento sobre la efectividad social del lenguaje está a un paso de su uso creativo hacia fines específicos, entonces la discusión acerca de la traducibilidad tuvo un impacto político.


Cronotopo dentro y fuera de la nación

Si los diferentes conocimientos del lenguaje están operando en la traducción del proceso constituyente, igual que una meta-geografía.5 En noviembre de 2012, por supuesto, el discurso de la llamada eurocrisis todavía estaba en su apogeo. Ya sea entendido críticamente o como necesidad gubernamental, la eurocrisis fue bastante efectiva como performance en espacio “europeo” de una división de los estados (y, por ende, del espacio político) entre acreedores y deudores, los primeros más modernos que éstos últimos, como es bien sabido que ocurrió con anterioridad en términos de un centro y una periferia “globales”. Narrativas críticas y aprobatorias por igual han dibujado asociaciones entre la “periferia global” y la “nueva periferia europea” así como entre el “centro global” y los recién postulados “países centrales” de Europa. Este esquema funciona en la medida en que al centro/núcleo en cuanto que “Europa”, la medida del valor, se le asignan cualidades de “progresismo”, “estabilidad” mientras que la periferia en cuanto que no/menos-“Europa” se la considera “atrasada”, “inestable” (“en crisis”); basándose en la ideología de un territorio de nación-única y lengua-única, y por tanto personas “nacionalizadas”, lenguajes y territorios no sólo se configuran como opuestos sino también estableciendo una línea temporal por “delante de” o “detrás” el uno del otro.

Una respuesta a este discurso desde los movimientos sociales fue reclamar, incluso celebrar, el valor de la periferia. Esto se hizo como un acto contra la devaluación cultural y el empobrecimiento económico que estaba teniendo lugar, pero también – y esto es lo que es más relevante aquí – como una especie de anti-discurso Eurocrisis que tomó los términos de la Eurocrisis y los cambió de arriba a abajo, asociando movimiento y promesa de futuro con la “periferia”, y estancamiento y conservadurismo con el “centro”. Estas coordenadas ponían de manifiesto un sentido común extendido entre los activistas, dando lugar a comentarios como, “esta es la forma en la que hablábamos [en España] hace cinco años”, según comentó un activista español después de escuchar una discusión entre activistas alemanes – situando el movimiento en España en “el presente” y a los activistas alemanes en el pasado. Asimismo, después de visitar Grecia, un activista de Berlín señaló que “ellos [los griegos] están al menos diez años por delante de nosotros [los alemanes]”. Nación, territorio, e incluso la forma de hablar (o “registro”) se unen, un cronotopo actualizado.

El anti-discurso eurocrisis creó un contexto en el que sería razonable suponer que el proceso constituyente – por volver a las apreciaciones que circulaban en el Agora99 – podría ser “realista” en España, pero no en Alemania. Sin embargo, incluso si el movimiento 15M dio paso a nuevas potencialidades políticas en todo el territorio del estado español, e incluso si un discurso sobre el proceso constituyente se ha desarrollado en este escenario, cualquier evaluación “realista” habría llegado a la conclusión de que un verfassungsgebender Prozess también estaba lejos de ser inminente o factible en España en 2012. De hecho, había otra capa de entendimiento espaciotemporal operando para hacer que esta demanda pareciera razonable – más allá, pero relacionada con el discurso de la eurocrisis. Dada la asociación de verfassungsgebender Prozess con los llamados gobiernos progresistas en Sudamérica, que fueron vividos por los activistas que viajaron allí como antítesis a la “Alemania conservadora”, la sugerencia del proceso constituyente en España dibujó un geografía política que vinculaba a España y Sudamérica, y así, igualmente, estableciendo la "España en movimiento" en contra de la "Alemania conservadora" – un esquema aún más poderoso porque muchos de los jóvenes activistas alemanes habían viajado a Sudamérica en el inicio de la edad adulta, en viajes políticamente inspirados a modo de ritos-de-iniciación, que son decididamente efectivos precisamente por lo binario en juego.

Tal espacio-temporalización fija posibilidades de relación y de traducción en la (presumiblemente homogénea internamente) escala del estado-nación, borrando así la heterogeneidad pero también otras escalas politico-económicas que son relevantes para la vida y el sustento. Aquí, la diferencia entre la respuesta del activista de Berlín considerada hasta ahora y la segunda respuesta esbozada en la introducción de este texto resulta evidente. El activista de Roma habló de “múltiples temporalidades de crisis”, “zonas entrecruzadas” y “construcción de fronteras” – dibujando una geografía claramente diferenciada de la eurocrisis y su anti-discurso. De hecho mucha gente de Italia, donde el discurso activista incluye un elaborado debate sobre la política del espacio, sostuvo explícitamente en el Agora99 y en otros lugares, que la geografía de centro-periferia de Europa “ya no era adecuada”. La llamada a inventar herramientas para un proceso constituyente estaba relacionada con el eslogan “reiniciar Europa” que enmarcó el encuentro de Madrid, así como el eslogan “hacer Europa”, que enmarcó un segundo encuentro Agora99 celebrado en Roma un año más tarde. Estos eslóganes no están fundamentados sólo en un entendimiento y uso del lenguaje creativo, sino también, y sin duda relacionado con esto, por una idea acerca de la capacidad productiva de las representaciones del espacio político. La sugerencia de relacionarse con el movimiento 15M como punto de orientación, al que atender, del que aprender, pero no para copiar, abre posibilidades de relación excluidas por el esquema movimiento vs. inmovilización, futuro vs. retrógrado, posibilidades no disponibles cuando el contexto primario de relación es el de política de estado, de geopolítica. Así pues, se pudo asumir y traducir el proceso constituyente como algo con lo que jugar, probar, puesto a la tarea creativa de la re-composición.


Fin de la asamblea, o, ¿traducir para qué?

Por supuesto, tales posibilidades no sólo se abren o cierran a través de entendimientos del lenguaje y del espacio político. Lo que también resultó ser decisivo para la traducción en el Agora99 fueron las expectativas con las que los activistas asistieron al encuentro. Estas diferentes expectativas sugieren modelos implícitos de asamblea que estaban en juego en los enfoques y la participación de los activistas. En concreto, diferentes planteamientos de asamblea fueron enmarcados por diferentes modelos de partes y de conjunto, y esto a su vez afectó a la traducción.

Para el activista de Berlín citado al principio, la asamblea fue un lugar para determinar la estrategia y decidir sobre planes ejecutables. Se debió a una preocupación por la viabilidad de tal plan ejecutable imaginado que se centró en encontrar la traducción correcta para proceso constituyente, que él tomó como nombre y objetivo del supuesto plan. Basado en esta traducción, argumentó en la discusión del taller que el plan no se podría ejecutar en Alemania, y más suponiendo, por lo tanto, que el objetivo de la discusión era llegar a una decisión sobre el supuesto plan, ya fuera afirmativa o negativa.

Imaginar que unos pocos cientos de activistas reunidos en un encuentro de fin de semana crearían y decidirían un plan ejecutable para Europa se basa en la idea de que el encuentro, en teoría, estaba formado por activistas representantes del estado-nación, independientes, juntos codo con codo, unidos en un cuerpo abstracto de movimientos sociales en Europa.6 El Agora99 asume ser así un lugar de juicio evaluativo y decisión, con una jurisdicción que cubre el mapa europeo. La ejecución ocurre en otra parte – y después. La práctica “en los movimientos” se separa de hecho de la práctica en la toma de decisiones “sobre los movimientos”, mientras que la práctica se considera que deriva, tanto temporal como causalmente, de una decisión. En lugar de un espacio de “contaminación”, al parecer, esta imagen del encuentro, interrumpida, anteriormente, está aislada. Se supuso, por otra parte, que estos eran los términos de la participación de todos, que los términos de la traducción eran compartidos.

El activista de Roma, en cambio, intervino explícitamente sobre la cuestión de cómo se debe proceder en la traducción. Ofreciendo una representación alternativa de Europa al mapa político convencional o al modelo eurocrisis, e intentando tener en cuenta diferencias situadas, plantea un modelo de traducción en el que las partes pudieran relacionarse entre sí, o con eventos o fenómenos u otras intensidades, como singularidades, a través de una práctica de atención y orientación. Empezando una conversación acerca de “cómo” se puede practicar la traducción, su aportación se alinea con la idea del encuentro como un espacio de “aprendizaje”, y más aún como un espacio para “desarrollar herramientas”. Como tal, no se toma como espacio separado del "movimiento", sino más bien como una especie de espacio en y de movimiento. En el presente múltiple no se termina todo, delante de, o más allá del movimiento, sino mediante una confluencia entre muchos otros.


Traducir el municipalismo

Un trabajo práctico de traducción afecta por lo tanto a la relacionalidad, suponiendo y promulgando posibilidades de relación. Define lo que se traduce, donde empieza y acaba la traducción, y sus posibilidades de extensión. La descripción y el análisis que constituyen la mayor parte de este texto son necesariamente esquemáticas, entrando en detalle sobre los fundamentos sociales y semióticos de dos enfoques a la hora de traducir el proceso constituyente en el Agora99 a fin de esbozar en términos analíticos distintos trabajos prácticos de traducción. Si hasta ahora estos enfoques parecían estar situados al margen uno de otro, yuxtapuestos, como ideologías opuestas, a partir de ahora merece la pena considerar cómo son, en la práctica, no como opuestos, sino más bien como tendencias diferentes. De hecho, esto está inevitablemente inscrito en la discusión anterior: mientras el trabajo práctico integrado por una ideología lingüística referencialista, el espacio político moderno y el esquema de valores de Europa, y una política representacionalista de la asamblea se prestaba a una disección crítica y analítica, el trabajo práctico formado por la práctica performativa, la heterogeneidad espaciotemporal y la construcción social del espacio y la inmanencia en movimiento pedía algo diferente.

En el Agora99 hubo un activista de Berlín que se interesó menos en traducir el proceso constituyente como una expresión lingüística o una fórmula política. Mientras otros debatían la traducción en estos términos, él recorrió las calles del barrio. Al tercer día del Agora99, volvió “infectado” por el movimiento, habiéndose sumergido él mismo en el 15M, en sus colores, ruidos, ritmos, y supo que se prestaría a ayudar a llevar algo así a cabo en otra parte. Si la voluntad de encontrar un equivalente a proceso constituyente en lengua alemana viene de la supuesta necesidad de saberlo en cierta forma, de determinar su naturaleza, para luego decidir al respecto, abriendo la traducción a incluir fuerzas más allá de lo lingüístico, y más allá de lo que se considera en una definición restringida a lo político, estuvo marcado por una relación diferente hacia lo desconocido. Tal vez, tampoco se imagina la decisión en términos de una interrupción en el camino, separando un pasado supuestamente incierto de un futuro fundido en la certeza, pero dibuja un tipo de frontera imaginaria diferente entre lo “conocido” y lo “desconocido” o “diferente”, una que mas que delimitar desdibuja, crea zonas de vulnerabilidad, de confusión. En este modo uno entra en un proceso de aprendizaje ilimitado, enfrascado durante un tiempo, permitiéndole a uno mismo confrontar, comprometerse, negociar, verse afectado. Exige más de la persona, y afecta a los términos de la traducción, de manera que el trabajo práctico de “eso” debe basarse en una gama más amplia de recursos, de modos de conocer y relacionar, junto a un análisis crítico y un juicio decisivo.

Por lo tanto, si un trabajo práctico de traducción define qué se traduce, aquello que se traduce también afecta a la traducción en sí. En este sentido, la promesa de traducir el municipalismo hace referencia a su capacidad de contaminar la traducción en sí misma, exigir y cultivar trabajos prácticos de traducción capaces de jugar con el lenguaje, recomponer el territorio y promover asambleas en maneras que el municipalismo ha heredado de experiencias del 15M. Esto puede respaldarse mediante el escalamiento del municipalismo en un marco no-nacional, que brinda la elusión (el “circuito-corto”, por citar un concepto brillante del registro municipalista) a un territorio ideológico de nación-única y lenguaje-único y el esquema de valores de Europa/progreso con los que está atada, que en conjunto sobredetermina con tanta fuerza los protocolos de los movimientos sociales y los imaginarios por toda Europa, incluyendo y a veces especialmente a aquellos explícitamente críticos con el nacionalismo (metodológico). Si el Agora99 se formuló en términos “transnacionales”, el municipalismo necesitará ser traducido “translocalmente”, asegurando al mismo tiempo que lo local no se equipara a la ciudad, ni se imagina como un espacio homogéneo.

Cabe esperar que traducir el municipalismo pondrá en tela de juicio el guión de movimiento y estancamiento/conservadurismo, los criterios de “éxito” y “fracaso”, tan omnipresentes en la traducción activista, que pueden afectar, infectar, los propios términos de la relacionalidad – y del conocimiento de lo político.

 

Bibliografía

Dainotto, Roberto. Europe (in theory). Duke University Press, 2006.

Irvine, Judith T., y Susan Gal. “Language ideology and linguistic differentiation.” Linguistic Anthropology, A Reader. Wiley (2009): 402-434.

Gal, Susan. “Language and Political Spaces.” Language and Space: An International Handbook of Linguistic Variation. Mouton de Gruyter (2010): 33–49.

Galli, Carlo. “The Rise and Fall of Modern Political Space.” Opening Lecture at the Bologna-Duke Summer School on Global Studies and Critical Theory, June 23, 2014 at the Department of History, Cultures and Civilizations, University of Bologna.

Latour, Bruno. We have never been modern. Harvard University Press, 1993.

[ed. cast.: Latour, Bruno. Nunca fuimos modernos. Siglo XXI, 2012.]

Mezzadra, Sandro. “¿Cuántas historias del trabajo? Hacia una teoría del capitalismo poscolonial.” transversal 0112 unsettling knowledges (2012).

Mezzadra, Sandro, y Brett Neilson. Border as Method, or, the Multiplication of Labor. Duke University Press, 2013.

Morton, Gregory Duff. “Modern meetings: Participation, democracy, and language ideology in Brazil's MST landless movement.” American Ethnologist 41.4 (2014): 728-742.

Negri, Antonio. “In Search of the Commonwealth.” Trans. Arianna Bove. transversal 0111 inventions (2011).

---- El poder constituyente: Ensayo sobre las alternativas de la modernidad. (Trad. Simona Fabrotta & Raúl Sánchez Cedillo). Traficantes de Sueños, 2015.

Raunig, Gerald. “Prácticas instituyentes, nº 2. La crítica institucional, el poder constituyente y el largo aliento del proceso instituyente.” transversal 0107 extradisciplinaire (2007).

---- “Ein Bolivarianischer Prozess für Europa! Konstituierende Macht und der Neustart der Europäischen Verfassung.“ transversal 0305 democratic policies in europe (2005).

Silverstein, Michael. “Indexical order and the dialectics of sociolinguistic life.” Language & Communication 23.3 (2003): 193-229.

---- “Metapragmatic discourse and metapragmatic function.” Reflexive language: Reported speech and metapragmatics. Ed. John Lucy. Cambridge (1993): 33-58.

 

 

1 La resonancia con “work of translation” de Bruno Latour (1993) se me señaló sólo después de que este texto fuera escrito, pero su presencia no es una coincidencia y es sólo una entre múltiples resonancias que no puedo abordar aquí.

2 El análisis en este texto está en deuda con el concepto “metapragmatics” de Michael Silverstein (cf. 1993, 2003), y en esta sección en particular al entendimiento linguístico-antropológico de la “ideología lingüística” (cf. Irvine & Gal 2009).

3 Alguna aclaración es necesaria. Lo que hago aquí en parte es trazar como funciona la traducción en interacciones discursivas en tiempo real, como hace uso del conocimiento situado, socialmente contextualizado, y lo re-instancia de nuevo. Esto es distinto de un acercamiento genealógico, el cuál necesitaría elegir un punto de partida, por ejemplo, la publicación del libro de Antonio Negri Potere Costituente (1992; traducido al castellano en 1994 y nuevamente en 2015 como El poder constituyente), y mostraría que este libro fue leído y estudiado en los movimientos y por los líderes políticos en Sudamérica, donde estos términos pasaron a formar parte de un discurso más amplio que fue, a su vez, re-tomado, junto al libro de Negri, por activistas en el ámbito de la investigación y editoriales colectivas en España y en cualquier lugar en Europa años antes de 2011, cuando fue plantado en el movimiento 15M. Por supuesto, esta trayectoria es relevante para el Agora99, el lugar de su asimilación o actualización. Para aclarar desde aquí un punto específico: mi argumento entonces no es que los activistas de Alemania fueran los únicos que asociaran el proceso constituyente con Sudamérica, sino más bien que el contexto de pertenencia de esta asociación fue crucial en cierto sentido para la traducción hasta el punto de que hizo el proceso constituyente “irreal en Alemania”.

4 eipcp y transversal fueron un primer lugar para esta traducción existente, como por ejemplo en Raunig (2005, 2007) o Negri (2011). El asunto aquí es la “disponibilidad”: una traducción no está simplemente “dada” si ya se ha realizado, sino que necesita ser contextualizada en un espacio socio-discursivo concreto, que en esta situación no fue el caso. En este tipo de situaciones, la naturaleza estratificada y fragmentada del lenguaje se revela.

5 El concepto de espacio político de Carlo Galli (2014), los escritos de Sandro Mezzadra (2012) sobre tiempo y espacio en el capitalismo postcolonial, las reflexiones de Susan Gal (2010) sobre el efecto semiótico de la geografía política y el trabajo de Roberto Dainotto (2006) sobre la performatividad de Europa constituyen las bases teóricas de este aspecto del análisis.

6 Ver las cuidadosas reflexiones de Gregory Duff Morton (2014) en los encuentros del movimiento de los sin tierra (Movimento dos Sem Terra) y los puntos en los que éstas se interpretan como “conjuntos abstractos”.