Los publicados son también los medidos. O: “Soy un cero a la izquierda”

¿Qué es la calidad académica? Generaciones de científicos sociales estaban de acuerdo en que la calidad en la ciencia y la investigación es algo relativo que puede cristalizar en una comunidad epistémica, pero esa norma era también algo efímero. Medir el rendimiento académico –o, para ser más exactos, la “calidad académica”, que es la expresión utilizada–, es un fenómeno que ha estado en circulación durante más de quince años en las ciencias sociales, también en Austria. La introducción del New Public Management en las universidades o, dicho de otra manera, de nuevas herramientas de control, condujo a su vez, lenta pero seguramente, a la introducción de la llamada bibliometría. Mientras tanto, en efecto, lo que se escribe ya no se lee, sino que se mide y se evalúa. Con arreglo a la lógica de la bibliometría o la cienciometría, todo artículo o todo libro puede ser representado en forma de valores numéricos. Sin embargo, esto no se aplica a la suma total de lo escrito, sino que por el contrario afirma que el número abstracto puede hacer las veces de declaración acerca de la calidad de lo escrito –o sea, lo que viene a ser una calificación. Cuando explico esto a mi sobrina, a la que también califican con notas sus redacciones, piensa que es algo estúpido. Pero, a diferencia de las redacciones escolares  que son calificadas con notas expresadas en valores numéricos, pero que al menos son leídos por un profesor, la medición de la producción académica –más valdría dejar de hablar de calidad en este caso, porque la adecuación del término merece ser puesta en tela de juicio– ni siquiera se basa en la lectura, sino que se basa en las citas –dicho de otra manera, en la pura mención, en una mera referencia al texto.

La más tristemente célebre de esas pretendidas mediciones de la calidad es el llamado “Factor de impacto” de los artículos publicados en las revistas académicas. El nombre da a entender que ese número puede medir la influencia –y por ende la calidad– de un texto. El cálculo es el siguiente: si un artículo es citado frecuentemente, entonces el número de citas es la prueba de su calidad. Ya solo esto resulta extraño, porque el artículo podría ser citado con un propósito mordaz. Pero esta es la consideración más inocua, puesto que al menos presupone que el cálculo tiene un fundamento sólido. Pero esto no es cierto.

La afirmación de que la calidad es o podría ser medida con el FI es sencillamente falsa. El FI fue introducido por Eugene Garfield, el estadounidense fundador de la bibliométrica, al objeto de proporcionar a los bibliotecarios una indicación de la frecuencia de la cita y en esa medida de la frecuencia de las ventas y los préstamos. A tal objeto, calcula la frecuencia con la que un artículo en una revista ha sido citado en otra revista (por supuesto, solo en una revista representada en un índice cuidadosamente seleccionado por el operador de medida bibliométrica).

En el marco de la locura cuantificadora de los nuevos instrumentos de control académico, esta intención original padeció una rara metamorfosis: la frecuencia de las citas pasó a ser en lo sucesivo el criterio para los contenidos de las revistas o los textos. Como si McDonald's fuera la mejor comida del mundo solo por el número de personas que la compra.

Todo esto se vuelve aún más absurdo si nos fijamos más detenidamente en los números: en mi campo, las ciencias políticas, las revistas europeas de mayor calidad del SSCI (Social Sciences Citation Index) –un índice de Thomson Reuters, también con una orientación hacia la empresa privada– tiene un FI del 2,4. ¿Y qué significa esto? Que el año pasado, los artículos de esta revista fueron citados 2,4 veces en otra revista del SSCI. Aquí tenemos que parar y tomar aliento: esta ridiculez expresada en un número es adoptada de hecho como criterio de la calidad de una publicación. Adoptar esto como un visto bueno para una revista o para los textos publicados en ella recuerda a las cuentas fantasiosas del joven repartidor de leche (y probablemente quienes se suman a este juego son en su mayor parte chicos).

¿Por qué este texto se titula también “Soy un cero a la izquierda”? El FI convierte a muchos colegas en un cero a la izquierda –cuando su FI comercializado es cero. Esto es precisamente lo que sucedió hace poco con mucho profesores en el Instituto vienés de ciencias políticas con motivo de la evaluación del instituto. Pues el FI no es ni inocuo ni inocente, no: causa el mayor de los daños sin aportar el más mínimo conocimiento –excluye y, por supuesto, cerca el conocimiento. Sugiere calidad mientras se limita a cuantificar. Y resta toda capacidad no solo a los autores, sino que arrebata a su vez la capacidad de juicio de la comunidad académica hasta llegar al absurdo. Por ejemplo: en los procedimientos de designación, algunos departamentos solo atienden al FI o el H-Index (otra medida bibliométrica para la frecuencia de citas de un autor, pero que tiene en consideración un periodo de tiempo mayor) en lugar de leer los textos y las afirmaciones de los candidatos.


If you are going to San Francisco

Las ciencias naturales, en las que comenzó la manía cuantificadora, son las primeras que entre tanto critican los procedimientos bibliométricos: en diciembre de 2012 un grupo de investigadores en ciencias naturales aprobó la “Declaración de San Francisco sobre la evaluación de la investigación”, que rechaza explícitamente la fetichización del Factor impacto. La Declaración no solo pone en tela de juicio el valor informativo del FI y critica la manipulabilidad de esta supuesta medida de la calidad –también llama a las instituciones de apoyo financiero y a las universidades a dejar de usar este instrumento. El FWF, el Fondo austríaco para la promoción de la investigación científica, hace también una referencia positiva a esta actitud negativa en un comunicado de prensa. ¿Paradoja?

Así que podemos ponernos flores en el pelo para que, en lugar de que nos midan, ser desmedidos.

B. S.


Peer Reviews y otras economías

Las Peer Reviews son consideradas una evaluación objetiva de textos académicos, porque estos se hacen llegar como textos anónimos a dos o tres evaluadores igualmente anónimos, que evalúan los textos. Con arreglo a estas evaluaciones, los textos presentados deben ser revisados por los autores o son rechazados. Dos o tres rondas de revisiones suelen ser lo habitual, lo que para revistas internacionales de rango alto, que suelen estar escritas en inglés, puede tardar a veces dos o tres años. Un rechazo final del texto es posible después de cada revisión y de cada nueva Peer Review. En general, los autores muy célebres merecen unas pocas o ninguna corrección, a diferencia del resto.

Normalmente, los textos deben seguir un formato estandarizado de introducción, estado de la cuestión investigada, argumentación y conclusiones finales, lo que no solo nos remite al hecho de que los textos que no se organicen conforme a ese formato no entran en las revistas académicas internacionales. Sin olvidar que todo texto queda atrapado durante años en un bucle de revisiones y que las revistas insisten además en quedarse con los derechos exclusivos, parece que cada vez con mayor frecuencia solo se considera conveniente aportar un único argumento original por cada texto. De esta suerte, se prefiere introducir el siguiente argumento en el siguiente texto enviado a la siguiente revista. En consecuencia, los textos publicados en revistas internacionales tanto de bajo como de alto rango suelen ser planos. Sin embargo, en esta maquinaria académica de cuantificación, que determina carreras en muchos campos, los contenidos ya no son decisivos en ningún caso. Lo único que importa es cuántos artículos en Peer Review puede enumerar un candidato y la clasificación respectiva de las revistas importantes. En comparación, los artículos en antologías son considerados como publicaciones carentes de valor; solo las publicaciones con editores en lengua inglesa considerados importantes pueden aumentar el estatus de un autor. En comparación, las monografías “cuentan” menos que los artículos con Peer Review.

Los procedimientos de Peer Review son constantemente legitimados por mor de la objetividad que garantiza el anonimato. Una evaluación positiva significa que el texto presentado es apreciado por ser innovador y original por parte de una comunidad científica imaginaria y completamente heterogénea, representada, por así decirlo, por los evaluadores.

La idea de ser capaces de promover una corriente teorética o empírica considerada importante en la comunidad científica mediante el ofrecimiento de una evaluación, parece resultar tan seductora que incluso los académicos “jóvenes” que son críticos de la ciencia y de la institución conversan tomando unas cervezas sobre el importante órgano para el que han hecho una Peer Review o sobre la montaña de trabajo de evaluación que tienen por delante y el tiempo que les llevará terminarlo.

No cuesta entender el modo en que una carrera académica, larga e interminable y acompañada de muchas decepciones, que exige mucho aguante hasta conseguir un puesto de profesor titular, puede volverse menos aburrida cuando uno se dedica a juzgar anónimamente textos de aquellos que (supuestamente) han tenido más éxito y que nos están dejando o nos han dejado ya atrás. ¿Qué sentimientos de omnipotencia cuando –a pesar de todo el anonimato– el texto pone en nuestras manos la posibilidad de dar un palo a un(a) competidor(a) mediante una evaluación? El sistema de evaluación académica mediante la Peer Review apenas es cuestionado –ni siquiera en los círculos de aquellos que se consideran personas con actitud crítica hacia al presente. Antes bien, es algo que se da por hecho, y es aceptado y reproducido en cuanto tal. Tal vez la razón de ello estribe en que, cuando se participa como “Peer Reviewer”, adoptar el rol de juez anónimo parece contribuir a compensar las frustraciones experimentadas en la academia.

Sin embargo, aunque haya quienes no abandonen un sistema académico cada vez más basado en criterios cuantificables y por ende traducibles en valores económicos sencillamente porque hay modos y medios de reorientar ciertas frustraciones en fantasías de poder, el proceso de la Peer Review produce también otros modos de subjetivación mucho más problemáticos. Por añadidura, hay evaluadores más veteranos y a menudo mejor colocados –reconocibles por el modo y el gesto con el que escriben– quienes, al socaire del anonimato, seguramente no tratan el texto que ha de ser evaluado con respeto y con una crítica constructiva.

Así las cosas, con motivo de la solicitud de un proyecto DACH que involucraba a tres países, una pudo enterarse gracias a un evaluador (con frecuencia puede advertirse si quien evalúa es un hombre –por lo general de mayor edad) del Fondo Nacional Suizo (FNS) que la solicitante se adhería a “teorías de moda como los estudios de género y postcoloniales”, que no pueden considerarse merecedoras de apoyo. A nadie se le escapa la insistencia con la que el Schweizer Volkspartei (Partido popular suizo), de extrema derecha, arenga contra los estudios de género en diferentes medios, negándose a tomar académicamente en serio esta línea de investigación en un gesto de antifeminismo y antiintelectualismo (que también encontramos en Alemania y Austria). Sin embargo, si el FNS acepta esa evaluación y la hace llegar a la solicitante, desacreditando así como un producto de moda una tradición de pensamiento académico e investigación internacionalmente respetada como el feminismo, al final esto revierte negativamente sobre el FNS, que se ve expuesto a la acusación de falta de seriedad. Por otra parte, otra evaluación del FNS expresó un punto de vista positivo acerca del proyecto, pero la evaluación contenía más errores ortográficos de lo que cabría aceptar, por ejemplo, en el texto de una ponencia seminarial.

Sin embargo, no solo cabe encontrar  esa falta de seriedad en el antifeminismo, sino también dentro de las revistas feministas en la región germanoparlante. Hace unos años, a raíz de una ponencia escrita para un congreso, se me pidió que la presentara como un artículo para la revista Feministische Studien (Estudios feministas), una de las escasas revistas con Peer Review en alemán en el contexto de los estudios de género. Este procedimiento no responde a una adopción de la nueva economía de la publicación (importada de la región angloparlante). La revista ha llevado a cabo esta práctica de evaluación anónima durante los más de treinta años de su existencia.

Una vez que la ponencia revisada fue presentada con su hoja de estilo pertinente y dentro de los plazos establecidos, varias semanas más tarde llegó un mensaje de que el texto había sido rechazado. Por supuesto, esto me molestó, toda vez que el texto había sido presentado tras una invitación explícita de la directora y que la versión en forma de artículo no presentaba diferencias esenciales respecto a la versión en forma de ponencia. Sin embargo, en un proceso de publicación, las decisiones las toma más de una persona, y el rechazo posterior no deja de ser parte de la empresa editorial. No obstante, lo que resulta más molesto, y lo que hace surgir dudas sobre la profesionalidad de la revista, fueron las dos evaluaciones que resultaron fundamentales para el rechazo de su publicación. Presentaban un tono malhumorado, lleno de resentimiento, y estaban desinformadas acerca de la importancia internacional de los discursos mencionados en el texto. Por ejemplo, una evaluación afirmaba que el texto presenta “un estilo de escritura excluyente, hermético, desfasado –¿qué significa 'coextensivo' o 'postoperaista'?– que no parace tener interés alguno en ser comprendido o en las aspiraciones interdisciplinarias de Feministische Studien”.

“En el segundo parágrafo […] encontramos algo sobre lo que Judith Butler ha pensado sobre el tema. Se mencionan unos cuantos nombres más […]. Hasta aquí, este texto me parece una especie de revoltijo de notas. No se obtiene provecho alguno de su lectura y, en mi opinión, no termina aclarando nada”. Es un alivio que el mismo texto ejerza como es obvio un efecto clarificador en el contexto europeo de la investigación y que se haya convertido en un texto de referencia. Un problema de gusto –como el propio método de Peer Review.

I. L.


Este servicio añadido conlleva una tarifa de 3000$”
Condiciones de reproducción en las publicaciones académicas

En febrero de 2012, cuando recibí una invitación de Book Review Editors a escribir para la revista Constellations, acepté sin dudarlo. El libro que tenía que ser reseñado ya estaba en mi lista de lecturas, y me parecía que Constellations –tal y como reza su subtítulo: An International Journal of Critical and Democratic Theory [Revista internacional de teoría crítica y democrática]– no era ni mucho menos un mal lugar de publicación de la reseña. Después de recibir comentarios muy constructivos sobre la reseña por parte de los editores de la sección de reseñas y tras haber introducido unos cuantos cambios, no supe nada más del asunto durante mucho tiempo.

Luego, en mayo de 2013 recibí un email anónimo del Wiley Publishing Group, en el que Wiley_SingaporeC@aptaracorp.com me informaba de que tenía que leer online las pruebas de imprenta de la reseña y publicarla. Como no respondí a este aviso dentro del plazo de unos pocos días, fui expulsada del sistema e-proof, y tuve que escribir emails a unas cuantas personas para que mi texto volviera al sistema e-proof. Tras esto se produjo un intercambio de excusas demasiado corteses. No podía dejar de pensar que esto suponía demasiado esfuerzo para una breve reseña que no superaba las 1500 palabras.

El siguiente email con Wiley en el remite me dejó algo particularmente claro: el incidente con el sistema e-proof había conseguido disciplinarme de un modo admirable. Tan pronto como leí el email, tuve la impresión urgente e incluso estresante de que tenía que responder inmediatamente para evitar una nueva expulsión del sistema y la consiguiente pérdida de la comunicación. El nuevo email empezaba así:

“ACCIÓN  NECESARIA: Su artículo ha sido recibido por nuestro departamento de producción. Debe iniciar sesión en Authors Service para firmar su aceptación de la licencia. De no hacerlo no será posible publicar su artículo. Hace varios días la invitamos a visitar el Authors Service de Wiley-Blackwell para poder disfrutar de muchas ventajas, que incluyen la capacidad de seguir el estado de producción de su artículo” (Mayúsculas y negrita en el original, R. S.).

Entre las ventajas alabadas se encuentra aquella que permite elegir si el texto ha de publicarse con acceso abierto o no. Estupendo, pensé, por supuesto que mi reseña tiene que publicarse con acceso abierto. Aparentemente, la pretensión crítica y democrática que figura en el subtítulo de Constellations no era mera palabrería, aunque en el momento en que hice click sobre la opción de acceso abierto recordé que nunca había podido leer Constellations online sin pagar o acreditar que era parte de una institución que pagara la suscripción. Al parecer, la política de acceso abierto de Constellations ha cambiado y los textos pueden ser accesibles a todas las personas interesadas.

El siguiente email de Wiley fue remitido por “Open Access Administration Assistant JOHN WILEY & SONS, INC.” y me informaba de que todavía no había pagado mi tarifa. Pregunté: ¿Qué tarifa? ¡Se refería a la cuota para el acceso abierto! Acaso no había leído la letra pequeña antes de hacer click sobre la opción de acceso abierto: “Este servicio adicional conlleva una tarifa de 3000$”. Tampoco resultó de mucha ayuda la amable sugerencia del Open Access Administration Assistant sobre la posibilidad de que mi institución pagara esa tarifa, porque: ¿qué institución tiene reservados 3000 $ para pagar este tipo de servicio adicional? Al final tuve que rogar que me permitieran cancelar el acuerdo de licencia que había firmado online. La petición fue concecida. Recibí la siguiente respuesta: “Ahora podrá reiniciar sesión y contestar de nuevo las cuestiones sobre la licencia escogiendo esta vez NO for OnlineOpen para después firmar el acuerdo de licencia correcto”. La posibilidad de decir no es algo que me habría gustado hacer de una manera diferente (sobre todo bajo el encabezado de “crítica” y “democracia”) y para algo diferente. Y desde luego como la libertad de decir no a la posibilidad de que las personas puedan leer mi reseña gratis.

R. S.


La recompra del conocimiento es posible

La conversión en mercancía del producto del trabajo intelectual se ha convertido en una rutina, súbdita de la moda y del clientelismo político, como cualquier otra mercancía”, sostiene Couze Venn (“On the Cunning of Imperialist Reason: A Questioning Note or Preamble”), Theory, Culture & Society 1/1999, p. 60) en una breve respuesta a la declaración crítica de Pierre Bourdieu y Loïc Wacquant  (“On the Cunning of Imperialist Reason”, ibid., pp. 41-58) sobre la americanización de las publicaciones académicas. Los intereses comerciales y las estrategias de publicación de grandes compañías editoriales como Basil Blackwell o Routledge ha conducido a la selección de temas y líneas de investigación con arreglo a su valor de mercado, sostienen los dos intelectuales franceses (ibid., p. 47). Y debido al poder de mercado de las principales compañías editoriales, basadas en la distribución global de libros y revistas en inglés, esos temas y tropos, tal y como afirman Bourdieu y Wacquant, también se tornan dominantes en la academia en el ámbito mundial. “Decisiones de puro marketing editorial orientan la investigación y la docencia universitaria en dirección a la homogeneización y el sometimiento a modas que proceden de Estados Unidos, cuando no fabrican 'disciplinas' enteras como los Estudios culturales” (ibid.). Por lo general, tales editoriales son también capaces de convertir la resistencia contra su propio poder discursivo en una oportunidad de negocio, tal y como se pone de manifiesto en el caso siguiente: los pasajes críticos en una revista de una de las compañías editoriales más poderosas, Sage Publications, que contribuyeron significativamente al giro somático en las ciencias sociales con la introducción de la revista Body & Society a mediados de la década de 1990, por ejemplo.

En los países de habla alemana, editoriales como UTB o Springer ejercer un poder simbólico similar en la determinación de los temas. Hoy es algo habitual que los autores corran con el riesgo empresarial de la publicación de conocimientos que no son vendibles a primera vista, y por lo tanto deben –al menos hasta que hayan adquirido algún renombre– desarrollar competencias empresariales para vender sus propios argumentos. Este juego económico produce retoños particulares en el mercado de revistas, en el que de momento cabe observar un comercio proliferante con ensayos académicos digitalizados. Como miembro del consejo editorial de la Österreichische Zeitschrift für Soziologie (Revista austríaca de sociología, el órgano de la Asociación sociológica austríaca), puedo señalar a modo de ejemplo que todo el proceso de creación de la revista depende de la colaboración no pagada de toda una serie de expertos académicos, pero al final del proceso se transfieren varios miles de euros a la editorial Springer para la impresión de la revista y la publicación digital de sus ensayos. La política de Open choice de Springer especifica que los textos pueden hacerse accesibles gratuitamente para un público general por el precio de ganga de 2200 € ̣+ IVA –a pagar por el autor o la autora. Salvo que, por supuesto, instituciones de apoyo como institutos de investigación o universidades estén dispuestas a hacerse cargo y contribuir a subvencionar no solo el proceso de investigación, sino también a las editoriales privadas. Si no se paga la tarifa de publicación en acceso abierto, entonces el artículo por el que no han pagado nada puede ser descargado desde el sitio web de Springer por 34, 95 €.

En casos como estos estamos ante una escasez artificial del acceso al conocimiento, funcional a los intereses de la valorización capitalista, a medida que se crean barreras económicas que impiden la publicación o la distribución pública de conocimientos. Los ganadores de este proceso de mercantilización de la producción de conocimiento son por supuesto las principales compañías editoriales; los perdedores son los investigadores que podrían beneficiarse de un intercambio cooperativo del conocimiento, independiente de la lógica económica de valorización.

O. P.


Incorporación Insistente

-----Mensaje Original-----
De: onbehalfof+tcs+sagepub.co.uk@manuscriptcentral.com [mailto:onbehalfof+tcs+sagepub.co.uk@manuscriptcentral.com] En nombre de tcs@sagepub.co.uk
Enviado: Lunes, 2 de julio de 2012, 17:18
Para: Raunig Gerald
Asunto: Theory Culture & Solicitud de reseñas

Estimado Gerald Raunig

Su nombre fue propuesto en una de nuestras reuniones del consejo editorial como alguien a quien deberíamos invitar a convertirse en peer-reviewer para nuestra revista. Esto implicaría solo un compromiso muy reducido para usted, y nos esforzaríamos en invitarle esporádicamente a reseñar solo aquellos manuscritos recibidos que entren dentro de su área de conocimiento. Por supuesto, cada invitación viene con una opción de aceptar o declinar la reseña del manuscrito pertinente, así que no hay expectativa de que acepte en todos los casos.

Teniendo esto presente, hemos añadido su nombre a la base de datos de Theory, Culture & Society con la esperanza de que se convierta en uno de nuestros evaluadores.

En reconocimiento del apoyo de nuestros evaluadores anómimos hemos acordado con nuestra editora SAGE hacer pública la oferta de libre acceso a la totalidad de las más de 600 revistas de SAGE durante 30 días previa solicitación del comprobante de cada reseña completa, así como un 25% de descuento en libros en todo los libros de SAGE comprados online.

Si no desea escribir reseñas para la revista, háganoslo saber y eliminaremos sus referencias de nuestra base de datos de inmediato.

Saludos

Simon Dawes
Asistente editorial
en nombre de Couze Venn, Editor jefe

________________________________________
De: gerald.raunig@zhdk.ch [gerald.raunig@zhdk.ch]
Enviado: 03 de julio de 2012, 00:53
Para: Theory, Culture & Society
Asunto: Re: Theory Culture & Society – Solicitud de reseñas

estimado simon dawes, estimado couze venn, estimado mike featherstone,

gracias por su invitación, pero tengo que decir que preferiría no hacerlo...

hace tiempo que decidí hacer huelga contra las peer reviews, en la medida en que no intentan superar sus formatos estandarizados. estoy de acuerdo con esta cita de una intelectual de izquierdas:

“15. El principal medio de domesticación de la escritura salvaje son las revistas académicas, sobre todo en forma de revista que funciona mediante peer review. Aunque fue introducida en su momento como una manera de aumentar la objetividad, hace mucho tiempo que la peer review se convirtió en un instrumento de (auto)gobierno, y como tal reafirma las estructuras existentes y espolea su sistema de inclusión y exclusión.”

así que les agradecería que eliminaran mis pertenencias personales de la base de datos de sage.

sinceramente,

g.

________________________________________
-----Mensaje Original-----
De: Theory, Culture & Society [mailto:tcs@sagepub.co.uk]
Enviado: Miércoles, 4 de julio de 2012 12:22
Para: Raunig Gerald
Asunto: Re: Theory Culture & Society – Solicitud de reseñas

Estimado Gerald – muchas gracias por su email; ¡es de los que discutiremos!

Eliminaré su nombre de nuestra base de datos para no importunarle más.

Saludos cordiales

Simon

Simon Dawes
Asistente editorial: Theory, Culture & Society and Body & Society
Editor: Sitio web de TCS
http://www.sagepub.net/tcs/
http://theoryculturesociety.blogspot.com/

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SAGE, Editorial académica y profesional del año 2012 para el Gremio de editores independientes
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-----Mensaje Original-----
De: onbehalfof+tcs+sagepub.co.uk@manuscriptcentral.com [mailto:onbehalfof+tcs+sagepub.co.uk@manuscriptcentral.com] En nombre de tcs@sagepub.co.uk
Enviado: Miércoles, 27 de marzo de 2013 16:29
Para: Raunig Gerald
Asunto: TCS Referee Request - 13-054-TCS

Estimado Gerald Raunig

Le agradeceríamos que considerara evaluar el siguiente manuscrito que ha sido entregado a Theory, Culture & Society:

[…]

Muchas gracias por su apoyo a la revista.

Saludos

Couze Venn
Asistente editorial
de
Mike Featherstone
Editor