03 2018

Sentido Activista. Prácticas mediáticas afectivas durante la Cumbre del G20 en Hamburgo

Christoph Brunner

Traducido por Kike España

Tecnecologías de la Sensación

La cumbre del G20 tuvo lugar en Hamburgo del 6 al 7 de julio de 2017. Del 4 al 8 de julio, la autoridad policial de Hamburgo declaró una zona de seguridad especial en un área de 38.5 kilómetros cuadrados de la ciudad. Las personas podrían ser cacheadas sin ninguna razón, las carreteras podrían bloquearse por períodos indeterminados, y cualquier reunión pública que cuente con más de dos sujetos humanos podría ser declarada una asamblea ilegal. Uno podría llamar a esto un estado de excepción. Sin embargo, como argumentaré, el término es algo engañoso. Porque este ‘estado’ no solo se prolonga indefinidamente; también se convierte en una modulación continua de la sensación, de su distribución y suspense. La protesta contra la cumbre del G20 podría ser el remanente más visible del movimiento antiglobalización, que tomó una forma transnacional e infundida por los medios desde la movilización de 1999 a Seattle. Su grito de «otro mundo es posible» todavía acecha la esfera discursiva de los movimientos e informa las formas de protesta contemporáneas[1]. Sin embargo, este clamor por alternativas generalmente está relacionado con los movimientos sociales y su política discursiva, mientras que los aspectos estéticos y afectivos de tales «formas de vida alternativas» se ven eclipsados. Mi enfoque aquí trata este último. Consideraré el centro internacional de medios alternativos FC/FM tal como se reunió durante la protesta del G20 en Hamburgo, para arrojar luz sobre cómo un experimento tecnecológico desarrolla su propia plataforma social, sensual y afectiva para una política de sentido activista y transmisión afectiva. A continuación, concebiré el concepto de tecnecología no solo en relación con el trabajo de Félix Guattari (2008) sino también en resonancia con la noción de «tecnoecologías de la sensación»[2] de Luciana Parisi. Con este término, Parisi se centra en el rol de lo sensual como parte de un «campo maquínico de comunicación de deriva de código [code-drifting] lista para engendrar valores excedentes de sentir en todas las escalas de transmisión», que excede cualquier sentido pre-dado de la máquina o del cuerpo humano[3]. En una línea similar, Gerald Raunig (en este número) diferencia las tecnecologías de los imaginarios post-mediáticos. Las tecnecologías no son solo tecnologías de medios en red omnipresentes que generan nuevos modos de sentir y la producción de subjetividad. Más bien, devienen en una capa de activación integral, temporalizando y espacializando, en modos de existencia más-que-humanos. La búsqueda de un concepto de sentido activista gira en torno a estos modos de existencia como procesos encarnados, sentidos y sensualmente comprometidos del activismo de medios contemporáneo.


Tendencias Tecnopolíticas

Seattle y las subsiguientes movilizaciones de protesta pública a las principales cumbres de las principales naciones industrializadas se fueron infundiendo cada vez más por la mejora estética y el despliegue inventivo de los medios. Con la Primavera Árabe y la Revolución de Twitter a más tardar, el impacto gradualmente creciente del uso y el poder de las redes sociales en los movimientos sociales se hizo evidente. Las redes sociales han llegado a dar masivamente forma a los modos de organizarse, compartir información e intervenir en acciones directas en las calles, plazas y en múltiples espacios de trabajo político. Fundamentalmente, estos nuevos enredos mediáticos permiten una mayor conciencia de la contra-estética, o más bien, distribuciones alternativas de lo sensible que difieren de las anunciadas por los medios mainstream[4]. Entre otros, el movimiento español 15-M incluyó de manera prominente una discusión consciente sobre la estética de las ecologías de medios digitales de los movimientos sociales más allá de su estatus como un medio técnico para un fin[5]. Con el término tecnopolítica, los grupos activistas en España introdujeron una concepción de las prácticas de los medios de comunicación que no solo moviliza eficientemente los poderes comunicativos de las redes sociales, sino que pone en primer plano los diversos modos de activación estéticos y sensuales que surgen en los movimientos sociales. Los diferentes formatos de la tecnopolítica iban desde la generación de una plataforma alternativa (red social) llamada n-1 hasta kits de movilización para protestas improvisadas contra el desalojo de sus hogares hipotecados por parte de los propietarios[6]. A continuación, quiero transmitir este ámbito estético y afectivamente atento de la tecnopolítica con el centro de medios alternativos FC/MC como un nodo crucial en las infraestructuras de resistencia que se movilizaron durante la cumbre del G20 en Hamburgo.

A primera vista, el FC/MC podría verse en el espíritu de los centros de medios alternativos, que han sido parte integrante de muchas protestas antiglobalización que acompañan a las cumbres del G8/G20 o de la OMC. Sin embargo, como singularidad, puede entenderse mejor si se considera cómo algunas de sus circunstancias específicas difieren de los centros de medios en el pasado. Por un lado, FC/MC fue concebido por un grupo de personas que trabajan en diversos medios, arte y contextos académicos junto con sus prácticas activistas. Esto es importante dadas las prácticas institucionales y los recursos que se les atribuyen, que forman un trasfondo crucial y en parte tácito de la forma en que se conceptualizó el centro. Por otro lado, la cooperación con el club de fútbol St. Pauli y el uso de parte de su estadio se basó en los fuertes lazos del club con una agenda política alternativa y su abierta implicación en el distrito de St. Pauli. Usar el estadio, que también albergaba un comedor popular Antifa, fue un movimiento estratégico para ubicar el FC/MC muy cerca del centro de convenciones de la cumbre real. En la primavera de 2017, se iniciaron reuniones semanales para avanzar en la planificación concreta. La mayor parte de la infraestructura —desde el punto de vista técnico, material y de voluntarios— creció gracias al apoyo de redes asociadas, como el Chaos Computer Club, y estuvo respaldada por una gran lista de grupos y lugares en toda la ciudad y más allá. Dado que el FC/MC no era una institución, sino un colectivo temporal y experimento de medio, se distinguió de las plataformas de medios tradicionales como Indymedia. Su inventiva residía en un enfoque idiosincrásico de estar abierto a todos los profesionales de la prensa y los medios (excepto el servicio secreto, la policía y los fascistas) y proporcionar un espacio para la práctica de medios alternativos. También incluía muchas invenciones, incluido un software específico para acreditar periodistas y activistas, y una infraestructura de servidores segura para recibir y almacenar los datos que se descartaban día y noche durante la cumbre. Un mes antes de la cumbre, el saber hacer técnico y tecnológico se fusionó con ideas continuamente cambiantes sobre qué forma deberían tomar los modos de producción dentro del centro. Algunas de estas preguntas permanecieron sin resolver mientras que otras se desarrollaron, muchas imprevisibles. Sin embargo, en contraste con la práctica de los medios contemporáneos, un punto común fue abstenerse de reproducir las formas clásicas de la producción de los medios, incluyendo sus modos de operar, su temporalidad unilateral y su estética. Más de 400 personas de todas las procedencias fueron voluntarios y dieron forma al papel activo del centro como parte de la diversa protesta contra el G20[7].

Ubicado en el salón multiuso [ballroom] de 2500 metros cuadrados del estadio del St. Pauli, el FC/MC facilitó 400 puestos de trabajo para periodistas, activistas de medios y bloggers, dos estudios profesionales para entrevistas y diez lugares de trabajo de audio y video para producción de los medios. Mantuvo un livestream de 96 horas, un centro de información y un feed de Twitter, y organizó seis conferencias de prensa con organizadores clave de diversas manifestaciones, la cumbre de solidaridad e invitados específicos, como abogados, activistas de ONG de todo el mundo e investigadores[8]. Además, la estructura incluía una cocina comunitaria y diferentes salas, áreas de descanso y un bar. Era tanto un espacio social de cuidado como uno de producción y difusión de medios. La misión del centro fue un esfuerzo colectivo para cambiar la percepción de la cumbre del G20 en Hamburgo. El concepto del centro de medios fue ofrecer a los blogueros y tweeters, colectivos editoriales y staff, video activistas, radios libres, trabajadores de medios precarios y periodistas asentados un espacio de producción de medios «mucho más guay» que el G20 Media Center oficial en la Feria de Hamburgo (el lugar de reunión oficial para el G20)[9].

«El FC/MC se entiende a sí mismo como un dispositivo semiótico-material para reclamar el periodismo por la justicia social y para liberarlo del abrazo sofocante de los estados, las relaciones públicas corporativas y los intereses comerciales. Como tal, el FC/MC es un meta-medio para reinventar los medios críticos, las noticias y la forma de informar.» Su eslogan: «¡Reinventar el periodismo crítico en tiempos de populismo afectivo!»[10].

Si este artículo se enmarca en el contexto de tecnecologías emergentes, el FC/MC fue un experimento singular para el despliegue de una estructura de soporte, construido sobre redes (tecno-) políticas existentes (como la Right to the City Network) y formando un «colectivo temporal» que emprendió un trabajo político concreto sin fundirse en un grupo identificable[11]. Esta autonomía parcial y el anonimato (solo un pequeño grupo del equipo organizador central se hizo visible en los medios principales mientras muchos permanecieron activos en el fondo), sin volverse relativistas o políticamente indiferentes, convirtieron el ensamblaje tecnecológico del centro de medios no solo en un experimento tecnecologicamente avanzado por el entrelazamiento de las ecologías mentales, sociales y medioambientales[12] o un campo expandido de «formas de afecto y enunciación»[13]. También se convirtió en una singularidad sentida e intensa que atraviesa transubstancialmente diferentes modos de existencia, algunos de los cuales son técnicos, otros orgánicos, y otros físicos o mentales. Félix Guattari insinuó la ruptura en las formas contemporáneas de los medios y el tecno-activismo a través de modos de política afectiva en su último texto estilo-manifiesto «Por una refundación de las prácticas sociales»:

«Una condición primordial para alcanzar la promoción de una nueva conciencia planetaria debe residir, pues, en nuestra capacidad colectiva para lograr que resurjan sistemas de valores que se sustraigan del laminado moral, psicológico y social a la que se entrega la valorización capitalista, centrada únicamente en el provecho económico. […] Los valores éticos y estéticos no remiten a imperativos y códigos transcendentes. Exigen una participación existencial a partir de una inmanencia que hay que reconquistar sin descanso.»[14]

Si Guattari contrasta los modos de valorización capitalista con los valores éticos y estéticos —campos cruciales para refundar las prácticas sociales como describe en Caosmosis— también insinúa una dimensión de valor más sensible, afectiva, encarnada y sentida que está en juego[15]. La clave para comprender la tecnopolítica contemporánea es la distribución del valor a lo largo de estas intensidades más sentidas, ya que se convierten en parte y parcela de las tecnecologías como plataformas integrales para la circulación, modulación y transmisión de las dimensiones afectivas en las prácticas de los medios contemporáneos.

En medio de un espectáculo mediático preventivamente escenificado alrededor del G20 y sus repercusiones sentidas en los cuerpos, la ciudad de Hamburgo no fue solo un «exhibición de trabajo policial moderno»[16], como el senador de asuntos internos de Hamburgo llamaba al armamento masivamente tecnológico, material y corporal de la policía (online y offline), pero también a un dispositivo sensitivo altamente estratificado que la policía, el estado y, en parte junto con ellos, los medios sensacionalistas intentaron controlar, tanto en la calle como en los medios (sociales) de comunicación. El resultado: «la pornografía antidisturbios» [riot porn] fue la representación dominante de los medios del G20 y las protestas en su contra, en vez de una cobertura mediática más diferenciada de los múltiples eventos, las formas de expresión y el discurso crítico que convergieron y se desarrollaron en Hamburgo durante la cumbre. Desde este punto de vista, el centro de medios FC/MC proporcionó no solo un espacio social y afectivo diferente para más de 1000 activistas de medios y acreditados. También permitió que muy distintos voluntarios de diferentes procedencias convergieran y colaboraran en situaciones que a menudo eran bastante improvisadas, compartiendo un interés común en impugnar las formas dominantes de representación que atraviesan los medios mainstraem[17].

Pensar más sobre los modos de operar de FC/MC permitirá que el sentido activista y la transmisión afectiva sean explorados conceptualmente como formas potenciales de repensar la política de medios efectiva hoy. El sentido activista se relaciona con la cuestión de la activación sensual y la forma en que una distribución global de lo sensible influye no solo en cómo se sienten las cosas bajo condiciones (mediáticas) y capacidades sensuales específicas, sino también cómo los modos de activación con y a través de las capacidades sensuales se convierten en una preocupación crucial para el activismo de medios. La transmisión afectiva se refiere a las modalidades a través de las cuales tales activaciones de lo sensual operan a través de confinamientos espacio-temporales sin perder su situacionismo.


Sentido Activista

Un experimento a gran escala como el FC/MC implica la generación de una corriente de información alternativa fuera de los regímenes sensuales de los medios mainstream (de alguna manera, las plataformas de streaming como U-stream en el movimiento Occupy o Periscope en el G20 de Hamburgo han servido para un propósito similar)[18]. Más allá de esto, sin embargo, su calidad singular radica en producir políticas afectivas alternativas en los niveles constitutivos de la percepción, los cuerpos y el pensamiento entrelazados, al tiempo que tomándose en serio sus propio carácter social, tecnológico y —en términos de prácticas convergentes— pluriversal y heterogéneo. El afecto no es una mera forma intersubjetiva de relación, sino más bien una capa temporal que acopla los acontecimientos pasados y sus tendencias a posibles devenires futuros. Es la intensidad sentida de la actividad inmanente la sensación más desnuda ante cualquier registro definido, y su categorización se apodera de la situación. Es, para usar el término de William James, una «actividad desnuda», un «algo que hace» cuyo propósito es el pulso del cambio, es decir, la diferenciación infinita[19]. En el contexto del FC/MC esto significó preguntar: ¿cómo relacionar las capacidades, técnicas y prácticas de varias redes humanas y más-que-humanas para efectuar y expresar de tal forma que otras temporalidades, sensaciones y alianzas se hagan posibles en medio de un acontecimiento de medios molarizante como el G20? Como una capa integral de experiencia, el afecto se convierte en el foco de una política de transmisión de esta actividad inmanente a través de lo sensual además de lo discursivo. Sin embargo, esta actividad a menudo se aprovecha de una política de prevención y no de una multiplicación de activaciones sensoriales[20]. Mientras que el FC/MC tenía como objetivo proseguir el periodismo crítico en tiempos de populismo afectivo, tales políticas preventivas de los medios de comunicación se basan en el poder de activación del afecto al tiempo que reducen su complejidad. ‘Crítico’ podría significar multiplicarse para oponerse al reduccionismo. Si bien sigue siendo un término en disputa, ‘crítico’ significa de manera muy concreta resistir subsumiendo inmediatamente las intensidades sentidas en contenedores de representación superficiales. Justo al comienzo de la protesta, el consejo de redacción de FC/MC abandonó la idea de mantener una corriente (cronológico) continuo de información que no fuera un feed de Twitter con noticias verificadas sobre los eventos que tenían lugar. En cambio, la producción de formatos de medios se desplegó al analizar colectivamente los materiales entrantes y luego se ramificaron en diferentes proyectos sin un orden predeterminado o una jerarquía de relevancia. La proximidad espacial de la redacción, la mesa del OBS (Open Broadcaster Software) conduciendo el livestream y los puestos de edición por ordenador permitieron una corriente constante de intercambio e inserción en los procesos entre unos y otros. La forma en que las cosas fueron creadas, compartidas y finalmente puestas en línea sucedió tanto a nivel afectivo e inmanente, como vinculado a los ensamblajes tecnológicos con sus modos únicos de expresión[21].

La cobertura de los medios hasta el G20 alimentó una política preventiva enfocada en el discurso de la violencia y la seguridad puesta en marcha por varios actores políticos[22]. Al negarse a estar sometido al lenguaje visual de la pornografía antidisturbios [riot porn] o seguir la temporalidad de las noticias instantáneas, el centro tuvo que resonar entre los cuerpos sintiendo en las calles, «en alianza»[23], sostenidos por su apoyo material, corporal y afectivo, mientras al mismo tiempo, distribuía signos diferenciales en varias plataformas de medios. La cuestión de cómo activar de manera que lo que ocurra tenga sentido —es decir, que se vuelva efectivo— mientras se trabaja a través de lo sensual define una de las preocupaciones principales de FC/MC. La activación define algo bastante distinto de las concepciones más neoliberales de la atención y de la economía de la atención y el aprovechamiento de las mismas. Mientras que la economía de la atención se apropia del poder para llamar la atención y luego extraer valor de este compromiso, la activación en la forma en que uso el término enfatiza la apertura de un nuevo potencial de experiencia antes de su captura real. En resonancia con la envolvente afectiva general de la actividad constante como la capa más desnuda de experiencia, la cuestión de la actividad y la activación se refiere a la forma en que estas actividades se actualizan y se hacen sentir. Sin embargo, el problema de multiplicar las perspectivas para cuestionar las narrativas de los medios lineales raya el peligro de volverse relativista. El efecto sería un relajamiento de los medios para problematizar críticamente la política reduccionista de medios preventivos. Pensar en activar también plantea la cuestión de cómo multiplicar las posibilidades de relacionarse con un acontecimiento en su complejidad sin volverse relativista. En otras palabras, la crítica se convierte en una fuerza afectiva situada que contribuye activamente a una complejidad inconmensurable que le permite permanecer consciente de las diferencias singulares que conlleva cada una de estas situaciones.

Si el objetivo era activar para abarcar la complejidad, entonces el sentido adquiere un doble significado. Tiene que hacer interaccionar elementos sensuales para inducirlos en la producción de sentido. Si la percepción se refiere a lo afectivo, es temporal, transmisión de diferentes tipos de actividad para actualizar. Lo sensual nunca es algo dado sino algo que se compone entre el cuerpo y su entorno mediante la alteración mutua de cualquiera de ellos[24]. En términos de Massumi, este proceso es una «sintonía diferencial» [differential attunement] de las fuerzas afectivas[25]. Al hacer de la percepción una activación y contracción de fuerzas experimentadas retrospectivamente, la sintonía diferencial asegura no solo que las temporalidades heterogéneas se contraen en el despliegue de un acontecimiento perceptivo sino también que tal acontecimiento induce a diferentes cuerpos y sus modalidades a su devenir sin tener que sintetizarlos. El sentido activista pone a los cuerpos en alianza como parte del maremagnum material y espacio-temporal de la experiencia a través de la indicación de temporalidades, es decir, a través del afecto. Dicho de otra manera, el cuerpo está deviniendo en alianza no a través de una mera co-presencia con otros cuerpos, sino a través de su poder compartido de actualizar diferencialmente la continuidad del presente mientras permanecen abiertos hacia un devenir colectivo. La manera en que estos indicios constituyen un proceso colectivo de devenir determina cómo se siente el sentido. Es sentido más allá de la concepción más tradicional del significado. El significado se referiría al contexto general de un acontecimiento; es una operación retrospectiva. El sentido, por otro lado, surge en medio de una situación, no como unificación sino como una producción de diferenciales en el medio de su surgimiento; como la sintonía diferencial, que aprovecha las experiencias de múltiples cuerpos, es disensual. El poder de la percepción en el hacer, de la actividad siendo transmitida y de la sintonía disensual es el denominador común de una política emergente de sentido activista.


¿Cómo transmitir afectivamente?

A la luz del procesamiento continuo de la sintonía diferencial, lo que el FC/MC intentó generar fue principalmente un espacio de encuentro y elaboración. De esta manera, estableció las condiciones de emergencia para lo que Massumi denominó «contrapoder»[26]. El contrapoder no es un concepto binario. Si la experiencia es básicamente la interacción y la indicación de la actividad desnuda hacia sintonías específicas, que las lógicas operacionales preventivas intentan modular, entonces el contrapoder apuesta por esta calidad afectiva emergente de la experiencia. El FC/MC no fue solo un espacio para la producción de bloques de percepciones y afectos distribuidos a través de diferentes medios de salida, sino más bien un elemento infraestructural en una gran constelación de fuerzas y redes, intentando establecer condiciones de emergencia que compusieran lo sensual activando otras temporalidades distintas a los noticieros y las prácticas cronológicas de los medios. Se involucró en diferentes modos de suspense y compuso un espacio de orientación afectiva para el cuidado, la protección y el descanso tanto como la aceleración, la intervención y, lo que es más importante, dio lugar a una zona para la experimentación ético-estética. Su punto de partida fue el cuidado de otro modo de efectuar, de indicar transmisiones afectivas a través de sus diversas plataformas, como la conferencia de prensa, breves piezas de video, entrevistas, transmisión en vivo, un feed de Twitter, comunicados de prensa; pero también cuerpos en el espacio y el tiempo, dentro y fuera del centro, antes y después del acontecimiento. Era y aún podría ser una máquina genuina para la transmisión transtemporal, translocal y transcorpórea de los afectos. Los contrapoderes de resistencia se mueven a través del cuerpo como un receptáculo para que el sentido activista resuene en un evento colectivo.

En lugar de poner en primer plano la refinada infraestructura técnica o reflexionar sobre las capacidades limitadas de las redes sociales, la transmisión del afecto se basa en la interacción inmediata de las infraestructuras tecnológicas y corporales como soporte material y vital para la acción, como sugiere Butler[27]. El sentido activista no solo denota la actividad desnuda de la experiencia como un motor para el cambio, sino que se ocupa de las cuestiones éticas de transmitir capacidades diferenciales en sus contrapoderes alegres, es decir, potenciadores, a través de los cuerpos, los tiempos y los espacios. El esfuerzo activista del centro de medios reside en su enfoque en hacer que estas actividades se vivan inmediatamente como acontecimientos creativos a través de plataformas, sentidos y experiencia. Transmisión afectiva significa relacionar temporalidades o, en palabras de William James, «actividades de largo a corto alcance»[28]. Dicho de otra manera, las micropercepciones de un gesto que se sienten en una situación específica tienen la capacidad de amplificar otro acontecimiento en otro espacio y tiempo. La transmisión entonces es bastante diferente de los términos más convencionales de comunicación o transmisión. Mientras que los procesos de comunicación y transmisión se basan en entidades identificables que envían y reciben, el proceso de transmisión siempre implica un cambio, no solo de significado, sino de la infraestructura tan sensual y material (de cuerpos y máquinas). Las transmisiones efectúan cambios de fase, cambios de estado y, por lo tanto, crean un acontecimiento que altera el estado general de las cosas (y puede ser simplemente una sensación sentida que se mueve a través de un cuerpo). Descubrir cómo la tecnopolítica permite y amplifica tales modos de transmisión sensual es un desafío importante para las formas de activismo contemporáneo.

Como tecnecología, los modos de FC/MC de activarse e insertarse en actividades en curso van más allá del concepto de conectividad o redes de conexión. Transmitir como práctica reconoce el poder de existencia autónomo del afecto; podría estar preventivamente indicado, pero no puede estar predeterminado en sus efectos[29]. Tal apertura de transmisión afectiva solo puede funcionar como una forma de experimentación más allá de la captura de la representación. Uno de los efectos más llamativos del FC/MC proporcionando una infraestructura de producción accesible fue las diferentes formas de uso y producción que se produjeron durante las 96 horas de existencia real del centro. Junto a una oficina editorial flotante alimentando la transmisión en vivo y llenando el canal de YouTube, muchos pequeños proyectos tomaron forma con personas que comenzaron a usar el material audiovisual depositado para crear piezas cortas. Las habilidades se compartieron e intercambiaron en este proceso, se dibujaron nuevas relaciones entre elementos heterogéneos, se desplegaron colaboraciones completamente nuevas. Todo y cualquier cosa estaba sucediendo en la inmediatez del acontecimiento al tiempo que se extendía la trayectoria temporal del acontecimiento en las calles hacia múltiples contracciones sensuales micro-temporales, muchas de las cuales continúan circulando hoy. Éticamente esto significa preguntar cómo experimentar formas que suspendan la captura representacional durante un lapso temporal suficiente para abrir nuevos registros de implicación potencial con un acontecimiento, y cómo esto puede suceder con formas de protesta, resistencia, discursos y expresiones coloridas tan multifacéticas como los movimientos sociales en torno a la cumbre del G20 en Hamburgo. Estéticamente, este tipo de transmisión afectiva y suspense se mueve a través de lo sensual, alterando de forma inminente los regímenes dominantes de pensamiento y sentimiento, y orientándolos hacia un campo de experiencia expandidas más allá de las estructuras de significado dicotómicas. El desafío es tener sentido a través de y con lo sensual como mayor punto crítico del significado, donde la lógica antagonista explota en una complejidad polifónica que solo puede ser entablada y experimentada en lugar de ser reducida por la exclusión categórica de narrativas simplificadas de violencia o seguridad.

El centro de medios devino una máquina del tiempo molecular, haciendo interactuar cuerpos y tecnologías, percepciones y afectos, en su ontopoderosa capacidad constitutiva. No solo intervino en los discursos visuales y discursos experienciales alrededor de las formas contemporáneas de protesta mediatizada; también re-animó contrapoderes inventivos existentes en prácticas activistas. En otras palabras, contrajo las temporalidades de los cuerpos, las experiencias y los recuerdos y los transmitió en varios modos de expresión a través de diferentes plataformas de medios. El archivo de cantidades masivas de material audiovisual es la trayectoria más obvia a lo largo de la cual el poder afectivo resuena en el presente, proporcionando material para impugnar las narrativas de la policía en los juicios contra activistas después de la cumbre real. Sin embargo, la retransmisión afectiva de las temporalidades como una «micropolítica de las singularidades» también tiene que experimentar con el poder del sentido activista para hacer que la temporalidad sea un elemento relevante en la envoltura afectiva general de un acontecimiento[30]. Volviendo a la génesis de una estética de las prácticas tecnopolíticas y al reclamo de Guattari de una «participación existencial basada en una inmanencia que debe ser reconquistada infinitamente», el FC/MC sigue siendo una singularidad de una señal espacio-temporal cuya inmanencia se sintió directamente en la ecología del acontecimiento de mayores redes de resistencia durante el G20. La pregunta por el futuro de tales transmisiones afectivas de sentido activista no solo concierne a ensamblajes tecnecológicos que permiten un contagio translocal sensual y discursivo (Buenos Aires está a la vista para el próximo G20). También requiere una reconquista del terreno material y encarnado en las calles y frente a las pantallas múltiples, frecuencias de transmisión y experiencias sentidas a nivel transindividual, es decir, a nivel inmanentemente colectivo y afectivo que necesita encontrar sus modos singulares de devenir expresivo. El FC/MC podría proporcionar una visión potencial de este tipo de diferenciación temporal de estructuras de acontecimientos molarizados a través de las diferentes transmisiones afectivas que ocurrieron, no solo en corrientes audiovisuales digitalizadas sino también en los infinitos pequeños momentos de encuentro entre personas de todo el mundo, practicando en diferentes contextos y geografías y con diferentes capacidades para transmitir sus inquietudes; desde la organización de una cocina comunitaria, al cableado de una cámara 4G en vivo, hasta la organización de la resistencia indígena contra el extractivismo en América Latina.  

 

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[1] Para un desarrollo general de este grito «otro mundo es posible» ver también Pignarre, Philippe, Isabelle  Stengers, Capitalist Sorcery: Breaking the Spell, Basignstoke: Palgrave Macmillan, 2011.

[2] Luciana Parisi, «Technoecologies of Sensation», en: Deleuze/Guattari & Ecology, ed. por Bernd Herzogenrath, Basingstoke: Palgrave Macmillan 2009, p. 182-199.

[3] Parisi, p. 189. Por otro lado, Eric Kluitenberg’s “Techno-Ecologies Inhabiting Deep-Technological Spheres of Everyday Life”, in: Acoustic Space 11 (2013), p. 9-14, enfatiza que el advenimiento de redes de tecnología de medios de comunicación trae «una complejidad de relaciones sociales que apenas hemos empezado a mapear» (p.13) mientras presume que los medios de comunicación son tecnologías dadas con las que relacionarse.

[4] Ver por ejemplo, Gerbaudo, Paolo, Tweets in the Streets: Social Media and Contemporary Activism, London: Pluto Press, 2012 y Kluitenberg, Eric, «Affect Space: Witnessing the Movement(s) of the Squares», open! Online (10/2015), https://www.onlineopen.org/affect-space (último acceso 19/01/2018), Leistert, Oliver, From Protest to Surveillance – The Political Rationality of Mobile Media, Frankfurt am Main: Peter Lang, 2013.

[5] Ver Sánchez, Rául, «El 15M como insurrección del cuerpo-máquina», en: Universidad Nómada (eds.) Democracia distribuida. Miradas de la Universidad Nómada al 15M, Madrid: Universidad Nómada, 2011, pp. 49-65. [También se puede consultar aquí: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=145402]

[6] Ver: http://comoacabarconelmal.net/h-en/ y en particular: http://comoacabarconelmal.net/portfolio/237/

[7] Para una descripción detallada del centro, su genésis y estructura, ver: Grimm, Maren, Oliver Leistert, Siri Keil, Ulrike Bergemann, «Die Formatfrage stellen: Das alternative Medienzentrum FC/MC zum G20-Gipfel», en: ZFM 18,1 (2018), p. 111-129.

[8] Ver: fcmc.tv (último acceso 13/02/18).

[9] Ver el primer comunicado de prensa del FC/MC: https://fcmc.tv/pdf/fcmc_pm1_2017-12-05_en.pdf y https://fcmc.tv/about/ (último acceso 12/02/2018). Para una impresión del contraste entre el FC/MC y el centro de prensa oficial en la ubicación oficial del G20, Feria de Hamburgo ver: https://www.zdf.de/nachrichten/heute-plus/videos/alternatives-g20-pressezentrum-100.html (último acceso 21/02/2018).

[10] Ver: https://fcmc.tv/about/ (último acceso 23/02/2018).

[11] Grimm et al., pp. 113-114.

[12] Guattari, Félix, Las tres ecologías, Valencia: Pre-Textos, 2000.

[13] Raunig, Gerald, «Tecnecologías, Enmedios, Midstreams, Territorios Subsitenciales», en: transversal (03/2018).

[14] Guattari, Félix, «Una refundación de las prácticas sociales» (trad. Lluís Mara) en: Guattari, Félix, Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares, Madrid: Traficantes de Sueños, 2004, p. 125.

[15] Ver Guattari, Félix, «El nuevo paradigma estético», en: Guattari, Félix, Caosmosis, Buenos Aires: Manantial, 1996, pp. 121-144.

[16] http://www.zeit.de/news/2017-07/08/g20-fruehere-zitate-zur-sicherheit-des-g20-gipfels-08101203 (último acceso 13/3/2018)

[17] Ver Grimm et al., pp. 114 y 126.

[18] Rancière, Jacques, El reparto de lo sensible. Estética y política, Santiago: Arcis Lom, 2005.

[19] James, William, Essays in Radical Empiricism, Lincoln: University of Nebraska Press, 1996, p. 161.

[20] Ver Massumi, Brian, Ontopower, War, Powers, and the State of Perception, Durham: Duke University Press, 2015, pp. 3-20.

[21] Para obtener una idea general de las más de 70 producciones que salen del centro de medios, ver:

https://www.youtube.com/channel/UCHDTjtjyMFJqAhE4DxjAg9Q (último acceso 12/03/2018)

[22] Grimm et al., p. 128.

[23] Butler, Judith, «Cuerpos en alianza y la política de la calle», en: Butler, Judith, Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea, Barcelona: Paidós, 2017, pp. 72-101.

[24] Ver Parisi, 2009, p. 190.

[25] Massumi, Brian, Semblance and Event: Activist Philosophy and the Occurrent Arts, Cambridge: MIT Press, 2011, p. 112.

[26] Massumi, Brian, The Power at the End of the Economy, Durham: Duke University Press 2015, p. 91.

[27] Butler, 2017.

[28] James, p.188.

[29] Massumi, Brian, Parables for the Virtual: Movement, Affect, Sensation, Durham: Duke University Press 2002, p. 35.

[30] Guattari, Félix, Suely Rolnik, Micropolítica. Cartografías del deseo. Madrid: Traficantes de Sueños, 2006.