Cookies disclaimer

Our site saves small pieces of text information (cookies) on your device in order to keep sessions open and for statistical purposes. These statistics aren't shared with any third-party company. You can disable the usage of cookies by changing the settings of your browser. By browsing our website without changing the browser settings you grant us permission to store that information on your device.

I agree

03 2019

La huelga molecular-feminista

Sublimidad y tiempo-ahora en el capitalismo maquínico

Gerald Raunig

Traducido por Kike España

translators
languages

«La capacidad de hacer de este instante una modificación total de la vida”, podría ser la frase, la imagen, que mejor ejemplifique lo que ha sucedido el último 8 de marzo con el paro global de mujeres. Imprevisiblemente, la línea del tiempo se plegó, la cadena lineal y progresiva de los hechos —o, deberíamos decir, regresiva en esta época de barbarie— se ha detenido, y en un instante, en ese instante, refulgió una chispa revolucionaria, aquella que condensa en sí misma el pasado de todas las luchas y las resistencias de las mujeres, que en estos instantes vuelve a exigir ser rescatada en la imprudencia creadora y fulgurante de la acción presente.»
Marina Montanelli, en 8M. Constelación feminista, 88, Buenos Aires: Tinta Limón 2018

 

I.

En las últimas décadas, la violencia contra las mujeres* está escalando hacia una «guerra contra las mujeres», como la denomina Rita Laura Segato: todo tipo de violencia estructural y sexual, incluido el feminicidio, las tendencias bruto-discursivas de la misoginia y la transfobia, la devaluación del cuidado y la reproducción, «anti-genderism». Desde 2017, se ha extendido un movimiento desde América Latina hacia afuera que se basa en el 8 de marzo, el día de lucha de las mujeres, como el punto de inflexión y ebullición de una lucha interseccional y transversal. «Este es el logro de la huelga como un instrumento político feminista transnacional abierto a una multitud de actores, no solo a mujeres*, sino también a trabajadorxs precarixs y migrantes», escribe Isabell Lorey en su prólogo a la versión alemana del libro 8M. Constelación feminista.

Lo que es inmenso no es solo el número de participantes en la huelga; en España había más de cinco millones en 2018. La huelga feminista es también un ejemplo de luchas actuales más allá del número, desmedida, sublime. Más allá de los límites de medición, por debajo del umbral de mensurabilidad, y al mismo tiempo por encima. Más pequeño y más grande de lo que permite el tiempo lineal.


II.

Lo sublime es el terreno de una temporalidad que maquínicamente nos pone al servicio, al mismo tiempo que nos incita a pensar la no-servidumbre de una manera nueva y maquínica. En lo sublime matemático de Kant, la magnitud es impelida más allá de cada forma, hasta el umbral de la deformación, la amorfia, la disolución del espacio y la forma. Sin embargo, es otra dimensión de lo sublime lo que nos interesa mucho más hoy; el tiempo y su medición, la mensura temporal y su devenir desmedido, ya que esto se lleva al extremo de una manera novedosa en el capitalismo maquínico. No es una forma espacial vacía, una medida vacía que es creada, llenada y disciplinada; más bien, el tiempo es expandido, impelido más allá de sus límites, un tiempo completamente nuevo, inconmensurable e inconmensurablemente medido. Lejos de disolver las viejas asimetrías de género y racialización en su suavidad, la sub-liminalidad maquínica las convierte en lo infinitamente pequeño e infinitamente grande.

Y aún así, una no-servidumbre maquínica, un desamblaje, una monstruosidad no-servil emerge; no como una ruptura heroica-masculinista con el espacio lleno, las figuras limitadas y la forma bella, sino más bien como una brecha queer-feminista duradera, repetida y recurrente en la abundancia del tiempo mensurado e inconmensurable.


III.

El capitalismo maquínico va de la mano de una doble forma de modulación: la modulación como medida, medición, subdivisión y estandarización, como modularización, pero también la modulación como inconmensurabilidad, infinitamente deformante, modulante. Impeler el tiempo más allá de sus límites en todas las direcciones es el aspecto sublime de la modulación: estriaciones de tiempo cada vez más compartimentalizadas, mediendo más pequeño y partes más pequeñas, reduciendo infinitamente las medidas, pero también y especialmente atravesando la medida hasta la inconmensurable valorización y lisuración del tiempo.

En medio de la doble modulación, surgen modos de subjetivación maquínica que generan cada vez más servidumbre: sujetos obedientes de autogobierno preparados en un grado extremo para estriarse y lisiarse a sí mismos y sus tiempos. Y son los mismos sujetos obedientes los que constituyen el ensamblaje maquínico, a través de su comportamiento, colocando la servidumbre maquínica junto a la subyugación social.


IV.

El tiempo-ahora de Benjamin carga el pasado, invita al pasado, hace efectiva la escritura de su historia, sus historias. Sin embargo, lo sublime no es simplemente —como dice Badiou sobre los dos cientos años de Wagner— la solemne declaración de que algo ha pasado y que algo nuevo y desconocido comienza, en una clara separación entre el pasado y el futuro, sino la expansión del presente en el plegamiento de esta noción lineal del tiempo.

Así que este tiempo no es un problema puramente para la historia de la filosofía, o, más bien, nunca fue puramente tal cosa. No es solo la subsunción del acontecimiento sublime en el curso de la historia forzado en la linealidad lo que debe romperse con los saltos de tigre al pasado. Es el accesso mediendo/desmedido del capitalismo maquínico, su instrumentalización de la medición de magnitudes infinitamente pequeñas y de la desmesura de magnitudes ilimitadamente grandes que requiere otro salto de tigre. Ahora, no obstante, es el salto de tigre en un único lugar. El salto es una ruptura del tiempo capitalista-maquínico, establece la urgencia de reinventar el tiempo-ahora en el presente maquínicamente expandido. Este nuevo salto de tigre pretende recordarnos las genealogías de luchas pasadas y explotar el contínuum de la historia, y con ello, por encima de todo, el presente maquínico, a fin de detonar nuevamente y repetidamente «las astillas […] del tiempo mesiánico».


V.

Precisamente el terreno del presente desmedido es el terreno en el que la servidumbre puede ser transformada en no-servidumbre con las mismas armas maquínicas. El tiempo de esta transformación es el tiempo-ahora, su medio es la huelga molecular-feminista: no una huelga de vacaciones que simplemente modifica las condiciones de subyugación y servidumbre, y tampoco una huelga que conduce de nación-estado a otra, de un orden legal a otro, de una subyugación a otra. Una huelga que impregna las moléculas de la socialidad maquínica e interrumpe, derroca, revierte el tiempo desmedido del capitalismo maquínico. No actuando más de esa manera, no gobernándose a una misma más de tal manera, suspendiendo la acción servil, deteniendo la desterritorialización servil, al mismo tiempo comenzando de nuevo, no más reterritorialización servil del tiempo suave.

La huelga feminista-molecular es medio puro. No es un medio para el fin de lograr ciertas demandas, sino un medio más allá de las demandas, fines y propósitos. No se dirige a los agentes de las máquinas económicas ni a los administradores de los aparatos estatales. No aplica la violencia extorsiva, la violencia como un medio para un fin, como el fin de modificar solo los acuerdos temporales. Como medio puro y enmedio desenfrenado, no traza una línea recta de un pasado malo a un futuro prometedor, sino más bien sobre una cronología completamente diferente, una forma diferente de vivir en devenir presente; en palabras de Walter Benjamin en «Crítica de la violencia»: una «inversión que este tipo de huelga no tanto provoca sino que realiza directamente». No es después de un gran acontecimiento, después de un momento sublime, después de una única ruptura que se produce el cambio de las condiciones de vida y de trabajo. Esta huelga ya es el cambio, el poder constituyente, la brecha; realiza directamente la ruptura, en lugar de solo provocarla.

La huelga molecular-feminista no es legislativa, sino que es, al mismo tiempo, destituyente, instituyente y constituyente. Descompone el orden del tiempo existente, plantea múltiples comienzos, y crea nuevas composiciones monstruosas. Los movimientos sociales de las últimas décadas se centraron en torno al espacio de ocupación. Ahora se trata de una experimentación queer-feminista con las economías del tiempo. Esta huelga es sublime, no porque dé lugar a una captura heroica del espacio, sino porque cuando se realiza, surgen nuevas experiencias de temporalidad, y cuando reaparece, trae consigo modos monstruosos de no-servidumbre.


VI.

Molecular es la huelga que afecta a los poros, las moléculas de la vida cotidiana, como una epifanía cotidiana, rompiendo en y con la servidumbre en el capitalismo maquínico, como un tiempo-ahora inmanente-mesiánico. Pero al mismo tiempo, como Verónica Gago escribe en 8M. Constelación feminista, la huelga no se constituye solo como un acontecimiento, sino como un proceso: «Esto implica concretamente producir el tiempo del paro [huelga] como tiempo de organización, de conversación, de trama común, de coordinación asamblearia, de puesta en juego de subjetivaciones que elaboran una radicalidad de nuevo tipo al encontrarse.» La huelga molecular-feminista no es un único momento, que primero se anticipa y luego solo se documenta y refleja; es la cadena de reuniones, acciones, ensamblajes de afectos, imágenes y textos que se extienden a la vida cotidiana de aquellas involucradas e incluso de aquellas no involucradas directamente. Basado en el concepto del día de lucha de las mujeres, el 8 de marzo, este presente se expande en todas las direcciones. Escribe Verónica Gago: «El paro [huelga], entonces, trastoca su propia temporalidad de “fecha”. Se empezó a imaginar —en la elucubración por sortear esas paredes tan próximas— en la maquila, se siguió en las casas, se transpiró en asambleas, se discutió en sindicatos y comedores comunitarios, se hizo respiración colectiva en las calles pero venía agitándose, por qué no, desde tiempos de sabotajes plegados en memorias antiguas».

Pliegues e inundaciones del tiempo: la huelga molecular-feminista es un movimiento arremolinado y disruptivo, en memoria de la imagen de la huelga de masas de Rosa Luxemburgo como múltiple burbujeo y re-infiltración en el suelo, como una ola oceánica, que «se divide en una red gigantesca de estrechos riachuelos; ora brota de las profundidades como un fresco manantial, ora se hunde completamente en la tierra […] todo esto fluye caóticamente, se dispersa, se entrecruza, se desborda …»

 

Este texto se publicará en Swiss Psychotropic Gold, molecular refinery!, ed.: knowbotiq, Nina Bandi, Zürich/Berlin 2019. Mi agradecimiento al grupo de lectura «8M. Constelación feminista», de febrero de 2019 en Casa Azul, Málaga.

 

Referencias

8M. Constelación feminista, Buenos Aires: Tinta Limón 2018.

Walter Benjamin, Crítica a la violencia, Madrid: Biblioteca Nueva 2018.

Walter Benjamin, «Tesis sobre el concepto de historia», en: Walter Benjamin, Iluminaciones, Madrid: Taurus 2018.

Rosa Luxemburgo, Huelga de masas, partido y sindicato, Madrid: Fundación Federico Engels 2010.

Rita Segato, La guerra contra las mujeres, Madrid: Traficantes de Sueños 2016, https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/map45_segato_web.pdf.