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02 2019

Por una nueva ecosofía política

Gerald Raunig

Traducido por Kike España

« Il apparaît nécessaire que les composantes vivantes qui existent au sein de chacun de ces mouvements s’organisent entre elles et en liaison avec le mouvement associatif afin de préparer une recomposition d’ensemble du mouvement d’écologie politique. Ce futur mouvement devrait être pluraliste et profondément implanté dans la société à partir de collectifs de base et de collectifs sectoriels. […] Ce n’est qu’à la condition de catalyser un ‘passage à l’acte’ collectif dans tous ces domaines pratiques que les idées écologistes pourront devenir autre chose qu’une mode superficielle dans l’opinion. Il s’agit, en effet, d’œuvrer à l’émergence d’une nouvelle démocratie écologique, synonyme d’intelligence, de solidarité, de concertation et d’éthique de la responsabilité. » (Félix Guattari, «Vers une nouvelle démocratie écologique», 1992)

 

Cada vez más decepcionado por la política socialdemócrata de François Mitterrand en la primera mitad de los años ochenta, y a pesar de su amistad con el ex Ministro de Cultura Jack Lang, Félix Guattari se convirtió en miembro de Los Verdes franceses en 1985. Hasta que murió de un ataque al corazón en agosto de 1992, Guattari desempeñó un papel indiscutible en los discursos medioambientales en Francia, trabajando no solo para unificar las diversas ramas existentes en una sola, sino para establecer el movimiento verde como plurívoco y disensual. En medio de este compromiso por una ecología política múltiple, a fines de los años ochenta, Guattari creó un ensayo como parte de su libro más complejo, Cartographies schizoanalytiques[1]. Pero su editor Paul Virilio, lo convenció para que publicara el texto de forma independiente y Las tres ecologías se convirtió en 1989 en un pequeño éxito editorial.

Les trois écologies es el manifiesto político al final de una década que él mismo llama los «años de invierno»[2]. Su interpretación de estos años habla de nuestro presente de muchas maneras. No solo aparece el espectro de Donald Trump en el texto, como el cínico actor de la especulación, la gentrificación y el desplazamiento sin ningún control de los grupos más pobres de Manhattan y otros lugares; en Las tres ecologías, Guattari también emite advertencias sobre la intensificación de los fenómenos del fundamentalismo religioso, mientras resuelve la conexión entre las transformaciones tecnológicas y los nuevos modos de subjetivación, y subraya (antes de tiempo también) los posibles efectos secundarios de lo digital: «del paro, la marginalidad opresiva, la soledad, la ociosidad, la angustia, la neurosis»[3]. Pero además de los problemas psíquicos y los golpes personales del destino con los que el propio Guattari tuvo que lidiar durante este tiempo, anticipó una depresión social que se extiende mucho más allá de cualquier esfera privada, que fluye por todos los poros del socius. La amalgama de movimientos de ultraderecha-racista, como tomarían forma en diferentes países europeos (en Francia, en la forma del Front Nacional en torno al «tuerto» Jean-Marie Le Pen), y las exacerbaciones autoritarias de un capitalismo reestabilizador entre 1968 y 1989 planteó un grave problema para el teórico de los flujos maquínicos.

Desde esta perspectiva, la década de 1980 se caracterizó por la represión política y el racismo, los cismas nacionalistas, la mediatización masiva acelerada y la catástrofe ecológica, todo ello en el marco, en términos de Guattari, de «el capitalismo mundial integrado». Diez años después lo llamarán globalización, y me gustaría proponer la noción capitalismo maquínico para hoy en día, en referencia sobre todo al trabajo de Guattari: esta forma de capitalismo es maquínico no solo en su implementación integral de lógicas algorítmicas y transformaciones de los modos de vida y redes «sociales» basados en la ciencia de datos, sino también en el sentido de Guattari como un envase para la extensión del autogobierno y la servidumbre maquínica. El resultado es que a las diferentes formas de subyugación social se le añaden formas de auto-subyugación, incluso voluntarias, incluso deseadas: el deseo de ser parte, componente, engranaje de una máquina.

Ahora como entonces, más que ludismo lo que necesitamos son nuevas formas desviadas de organizar, instituir y de producción de deseo maquínico contra estos modos de subjetivación obediente. Lo que Guattari previó con su praxis multiforme de intervención e implicación en los movimientos ecológicos y los partidos verdes emergentes de Europa no fue, definitivamente, un partido medioambiental «monotemático» en un sentido reduccionista. Si bien los Verdes de la década de 1980 luchaban fundamentalmente por la integración de más componentes reaccionarios estructuralmente, orientados por la naturaleza y la tradición, y de más izquierdistas radicales y activistas medioambientales, de ninguna manera fueron los actores verde-suave moderados que el espectro verde de partidos demuestra ser hoy en día. Para Guattari, siempre se trató de una comprensión transversal del desarrollo ecológico, así como de las catástrofes ecológicas, que no han de ser analizadas en términos aislados de sus particularidades ni como componentes de una perspectiva totalizadora y unificadora que tienda hacia el moralismo y la paranoia. En la década de 1980, esto se relacionaba principalmente con la catástrofe nuclear de Chernobyl, que tuvo consecuencias de gran alcance para Ucrania, Bielorrusia y Rusia, así como para gran parte del hemisferio norte. En 2011, la catástrofe en la planta nuclear japonesa de Fukushima trajo de vuelta la política de la energía nuclear al centro de los discursos ecológicos. Pero, sobre todo, el cambio climático ha demostrado cuán transversalmente debe tratarse hoy el espectro de cuestiones medioambientales. En este primer sentido, ecología significa una perspectiva que se centra en complejos ensamblajes de ambientes: ambientes entendidos menos como externos a, alrededor del mundo, y más atravesando los mundos.

Pero sería miope limitar la significancia del texto de Guattari, en este sentido estricto de la ecología, al ámbito de la política medioambiental «pura», sin considerar las esferas ecológicas de la subjetividad y la socialidad. La segunda de las tres ecologías se puede caracterizar como ecología mental, y apunta a la transformación radical de los modos de subjetivación. El problema fundamental aquí es la sumisión maquínica, la creciente «introyección del poder represivo por parte de los oprimidos» [4], que solo puede ser combatida por nuevas formas de disensión y resingularización. Es el contexto profesional de Guattari el que nos proporciona un rastro para comprender mejor esta demanda: en la clínica psiquiátrica La Borde, pudo examinar durante casi 40 años cómo se combinaron el territorio existencial y los modos de subjetivación al adoptar un acercamiento diferente a la locura. En el pequeño palacio en la Solonge, como escribe Anne Querrien, «2000 personas enfermas [podían ser] atendidas con solo 120 camas, mientras que las clínicas psiquiátricas normales necesitaban 2000 camas y el presupuesto correspondiente» [5]. La Borde es un laboratorio para la desterritorialización suave del ensamblaje de subjetivación que Guattari consideró necesario para que emergiera una ecología mental en primer lugar. El individuo cerrado nunca estará en el centro de estas investigaciones; más bien serán siempre las líneas dividuales que dibujamos y a través de las cuales nos dibujamos, que se dibujan a través de nosotros. En lugar de proceder de nociones clásicas de la psicología individual de la psique humana, el esquizoanálisis de la ecología mental emerge precisamente más allá de las totalidades asignadas definitivamente, como singularidades encarnadas de las ánimas y sus conexiones fragmentarias a territorios y ambientes. Y este es el caso mucho más allá de los mundos abiertos de la locura, como se ve, por ejemplo, en el compromiso de Guattari con las subjetividades animistas japonesas o brasileñas [6].

Tercero, la ecología también afecta al socius, las máquinas sociales cuyos flujos a veces nos atrapan, pero que a menudo colapsan. Desde el entorno microsocial en el barrio hasta empresas institucionales más grandes y movimientos sociales translocales, las ecologías sociales pueden entenderse como enmedios [7]. Estos enmedios son terrenos difusos, vecindades, ecología boyante, vigorosa, fluida, indefinibles a un área determinada y delimitada. No son simplemente la totalidad de las líneas de conexión entre individuos humanos en un espacio determinado, sino ensamblajes heterogéneos de « devenires animales, de devenires vegetales, cósmicos, pero también de devenires maquínicos correlativos de la aceleración de las revoluciones tecnológicas e informáticas» [8]. La mecanosfera y el animismo no están fuera de la socialidad en este entendimiento de los enmedios y las ecologías sociales. Más bien, forman un complejo territorio, que está influenciado por afectos y paradigmas ético-estéticos [9]. El oikos de la ecología social ya no corresponde al casero patriarcal y su contraparte administrativa, la economía codificada en términos igualmente patriarcales, sino que se inventa a sí misma como una ecología del cuidado. Siguiendo las lecturas feministas de la reproducción social, este cuidado situado también implica una relación ética con los animales, las cosas y las máquinas. La ecología social encuentra sus formas actuales sobre todo en los intentos —de los movimientos del urbanismo crítico, el derecho a la ciudad, los nuevos municipalismos y contextos similares— para establecer el estrecho vínculo entre el espacio de vida, la arquitectura y la socialidad, para hacer la ciudad vivible, para permitir que surjan territorios existenciales.

Las tres ecologías no son esferas rígidamente separadas; deben considerarse como transversales a las interdependencias de los ecosistemas, las subjetivaciones y la socio-mecanosfera; o, como lo expresa Guattari, son tres perspectivas del mundo, que pueden verse simultáneamente a través de tres lentes intercambiables. Estas formas prácticas de ecología no deben, de ninguna manera, estar bajo una etiqueta, homogeneizadas, unificadas por cualquier tipo de trascendencia. El concepto de Guattari para esto es la heterogénesis: «Conviene mantener unida la singularidad, la excepción, la rareza con un orden estatal lo menos pesado posible» [10].

Situar la singularidad contra los aparatos de estado, así como los aparatos de captura finalmente nos llevan a la recepción contemporánea del trabajo de Guattari. Con este fin, invoquemos al maquínico activista-inventivo Guattari, que no puede ni debe ser apropiado tan fácilmente como sus amigos Deleuze y Foucault, cuya filosofía militante ha sido reinterpretada en ciertos contextos como liberal-relativista, o incluso como «posmoderna», un término que Guattari siempre rechazó [11]. Félix Guattari permaneció inventivo en la medida en que siempre conectó las máquinas sociales y las máquinas conceptuales de nuevo, como analista institucional, como militante en la práctica institucional y revolución molecular, como inventor de la ecosofía como una «articulación ético-política […] entre los tres registros ecológicos, el del medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana» [12]. Tal como se formuló en su último texto, citado al principio, esta nueva ecosofia también debe ser «otra forma de hacer política» [13]. Para las generaciones por venir, la tarea sigue siendo probar nuevas formas de instituir y construir nuevas máquinas, múltiples ecologías que sigan la ecosofía de Guattari, vayan más allá, e intenten romper la obediencia en el capitalismo maquínico.

 

 

[1] Félix Guattari, Cartografías esquizoanalíticas, Buenos Aires: Manantial 2000.

[2] Félix Guattari, Les années d´hiver: 1980-1985, París: Balland 1986; Nueva edición, París: Les prairies ordinaires, 2009.

[3] Félix Guattari, Las tres ecologías, Valencia: Pre-Textos 2000, p. 10.

[4] Félix Guattari, Las tres ecologías, Valencia: Pre-Textos 2000, p. 29.

[5] Anne Querrien, «Von der Architektur für die Psychiatrie zur Ökologie der Stadt. Ein Ensemble von Aktionsforschungen inspiriert von Félix Guattari», en: Isabell Lorey, Roberto Nigro, Gerald Raunig (eds.), Inventionen 2, Zürich: Diaphanes 2012, 98-113, aquí: 98.

[6] Véase la investigación cinemática-artística de Angela Melitopoulus y Maurizio Lazzarato: Assemblages, Déconnage y The Life of Particles.

[7] Milieu está traducida como «enmedio», siguiendo la propuesta de Raúl Sánchez Cedillo, véase https://transversal.at/transversal/0318/raunig/es (NdT).

[8] Félix Guattari, Las tres ecologías, Valencia: Pre-Textos 2000, p. 20.

[9] Para una elaboración del paradigma ético-estético que se extiende más allá del texto que se introduce aquí, véase el último libro de Guattari Caosmosis, Buenos Aires: Manantial, 1996.

[10] Félix Guattari, Las tres ecologías, Valencia: Pre-Textos 2000, p. 32.

[11] Véase, por ejemplo, Guattari, «L´impasse post-moderne», en: La Quinzaine littéraire 456 (Feb. 1986), 20-21.

[12] Félix Guattari, Las tres ecologías, Valencia: Pre-Textos 2000, p. 10.

[13] Félix Guattari, «Vers une nouvelle démocratie écologique», http://www.multitudes.net/Vers-une-nouvelle-democratie/